ETICA DEL CUIDADO

La Psicología académica ha sufrido la misma distorsión que otras Ciencias Sociales: ha olvidado a la mujer y sus características a la hora de evaluar el desarrollo del individuo. A veces se han considerado normales y universales los comportamientos de una parte del mundo: los varones blancos occidentales.
Carol Gilligan
En uno de los campos de estudio donde esto se ha visto ha sido en la investigación sobre el desarrollo moral. En el estudio de este aspecto del desarrollo de la persona, se han considerado unos estadios en el desarrollo de los niños y adultos que culminan con la ética de la justicia; se alcanzan unos valores universales: todos los individuos son sujetos de derecho, y los derechos de cada uno acaban donde empiezan los de los demás. El núcleo de esta ética de la justicia son los derechos del individuo, lo social es posterior, y las relaciones se quedan en el ámbito de lo privado, mundo privilegiado de las mujeres, pero mundo de menor valor en el campo de la justicia, incluso de las formulaciones de la justicia social.

Carol Gilligan amplió el estudio del desarrollo moral con la inclusión del mundo privado de las mujeres. Llamó la ética del cuidado a lo que caracterizaba el comportamiento moral en la esfera de las relaciones, en donde se concibe un mundo donde el yo está inserto en una red de relaciones, donde se necesita la ayuda mutua y que algunas personas cuiden de otras. En este mundo, los comportamientos de un individuo tienen consecuencias sobre los demás. En el mundo de la justicia, alguien puede considerar que matar por los derechos de los demás puede ser ético, mientras que en la ética del cuidado, al tener en cuenta las relaciones, se valorarían las consecuencias de aumentar el resentimiento y los deseos de venganza que provocarían las muertes

Esto me recuerda una noticia que leí alrededor del terrible terremoto de Haití. Las ONG's decidieron dar la ayuda alimentaria y de supervivencia a las mujeres. Si la daban a los hombres, éstos mercadeaban con ella, mientras que las mujeres se preocupaban de que toda la familia estuviera atendida. Lo mismo ocurre en las ayudas para el desarrollo y la educación, donde dar microcréditos a las mujeres y educación a las niñas implica una mayor prosperidad para la comunidad entera mucho más rápida que otros planteamientos más grandiosos. Precisamente el otro día, en el II Seminario sobre Pobreza Infantil que se organizó en Palma,  en donde nos invitaron a participar en una mesa redonda sobre las buenas prácticas en los programas contra la pobreza infantil, la participante italiana señaló que si en Italia (y lo mismo se puede decir del resto de países del Sur de Europa) había habido en algún momento un estado del bienestar, éste descansaba en las mujeres.
Por otra parte, los estudios del apego han señalado la importancia de las relaciones tempranas en el desarrollo de la empatía, siendo esta la base para el desarrollo moral, ya que sin entender el punto de vista del otro, no hay conducta ética posible.

Todos estos datos nos deberían hacer reflexionar sobre la poca importancia que le hemos dado a las relaciones a la hora de debatir los grandes temas de la humanidad, como la justicia, los derechos y la economía. No obstante, la Historia de la humanidad habla sólo de las luchas por los derechos civiles y sociales en términos de revoluciones y guerras. Los grandes líderes son siempre hombres que han sido capaces de luchar por unos valores a los que las personas se adscriben, no siempre por un movimiento empático con los demás, sino en lucha por lo que sienten su opresión. ¿Dónde queda en la Historia los cambios sociales impulsados por las mujeres en el seno de sus comunidades? ¿sólo la revolución y las revueltas pueden cambiar las comunidades? ¿el participar en los movimientos sociales implica un mayor desarrollo moral y de la empatía? No dejo de recordar una mujer colombiana a la que atendí en mi trabajo en la cooperativa, que habían venido a España ayudados por Amnistía Internacional porque su marido era un activista pro-Derechos Humanos, y que no obstante, contaba como la maltrataba a ella y a su hijo.

El mundo de las relaciones, la inevitable inserción del individuo en una comunidad para que pueda humanizarse, y la necesidad de las relaciones para constituir a un individuo, son factores necesarios para que una persona pueda desarrollarse de un modo óptimo. Los dilemas morales son otros cuando el factor relacional se incluye en la ecuación.

A pesar de las críticas que recibe Gilligan por algunas feministas, por igualar a las mujeres con el cuidado y las relaciones, creo que es necesario empezar a escuchar voces diferentes al modelo patriarcal. Que las mujeres queramos ser iguales en derechos, no quiere decir que debamos aceptar el punto de vista masculino y que aceptemos como inferior lo tradicionalmente femenino. Cuidar y atender las relaciones no es algo inferior a la lucha por la justicia. Si es inferior es sólo porque aceptamos el punto de vista de que es inferior. Son muchas ya las voces que reclaman la ética del cuidado para el desarrollo óptimo y justo de las diversas comunidades humanas. Tampoco considero que se esté hablando de un esencialismo de los hombres y las mujeres, sino que en la construcción social del género, hombres y mujeres se han regido por éticas diferentes, y la ética tradicional de las mujeres no es forzosamente inferior.

Y aún cuando hubiera realmente diferencia biológicas, así como las mujeres estamos aprendiendo a luchar por nuestros derechos, los hombres también pueden aprender de las mujeres, y ceder un espacio de protagonismo. En cualquier caso, yo me pregunto y preguntaré siempre: ¿qué hubiera sido de los grandes hombres que lucharon por los derechos humanos si no hubieran nacido de una madre que los cuidó?


Ana Cortiñas

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