ANGEL DE LA GUARDA

Sir William Russell Flint
Los duelos también son un momento de recuperación. La memoria ayuda a llenarte de aquello que has perdido.
Recuerdo como mi madre me enseñó a rezarle al ángel de la guarda antes de ir a dormir. Metida ya en la cama, mi madre se sentaba al lado y rezábamos juntas la oración por la que pedía protección.
La adolescencia hace que, con su rebelión, se desdeñen estas cosas, por supersticiosas, por infantiles, hasta por ridículas.
Sólo es la ausencia de mi madre la que me trae esos pequeños momentos cotidianos, rituales, tiernos. Quizá sea supersticioso, pero con ese pequeño gesto me enseñaba a confiar que en la vida había elementos de protección, que me acompañarían en la noche y me espantarían los miedos y los monstruos.
Ahora siento la importancia de darle a los niños lugares seguros a los que recurrir, sin que se necesite la omnipotencia paterna. Un lugar en el corazón donde sentirse protegido, sin la necesidad de su presencia, para caminar con autonomía en este peligroso y descorazonador mundo

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