CONTRATRANSFERENCIA

Trabajar con los seres humanos no siempre es fácil, porque no siempre las personas quieren cambiar; No sólo trabajo con quién acude a mi consulta para que le ayude; a veces, por peculiaridades de mi
puesto de trabajo, tengo que ayudar a quién no quiere ser ayudado, o a quién se le obliga al servicio psicoterapéutico por tener un comportamiento problemático. Por eso, en ocasiones tengo que trabajar con personas que no quieren verme y aceptar genuinamente a personas que presentan comportamientos que te parecen inaceptables. Es siempre un reto personal para mí porque no se puede ayudar a cambiar a quién no te gusta.
Como profesional, he aprendido a buscar cual es la necesidad profunda en la que coincidimos todos los seres humanos tras toda conducta, incluso las más deleznables. La sorpresa es que generalmente, y a no ser que sea un caso grave de narcisismo psicopático, todo el mundo responde a la comprensión y a la empatía profunda y eso permite analizar los comportamientos de otra manera, permite que la persona entienda que precisamente no encontrará lo que busca si sigue insistiendo en el mismo patrón

Pero hoy he salido especialmente desanimada de una sesión con una pareja de padres. Si la analogía con la Física fuera cierta, me ha parecido que hoy me he enfrentado a un agujero negro que ha chupado mi energía y mi ilusión. Qué les sucede en concreto a esta familia que ha acudido a consultar es lo de menos. Probablemente sea mucho menos grave que otras familias a las que ha visitado el trauma o la enfermedad. Lo que me ha dejado sin aliento es la capacidad de las personas para vivir en un entorno que convierten en horrible, lleno de rabia, resentimiento y odio. Y que eso ocurra, precisamente, en el núcleo social donde se espera y se debe recibir el afecto.
 A veces he visto hogares en donde hay maltrato emocional y afectivo, pero la persona maltratada no siempre ha definido lo que le ocurre como maltrato. Su problema de autoestima le ha dejado sin armas para defenderse y se ve en el espejo de los ojos del que maltrata.  Pero lo que me ha dejado hoy sin aliento es ver una dinámica en la que el papel de víctima y victimario se reparte cíclicamente entre los dos, autogenerando un clima adverso e igualmente sostenido y mantenido por ambos ¿qué sentido tiene vivir así? Por si la vida no fuera lo suficientemente dura a veces, hay personas que se empeñan en vivir en permanentes lunas de hiel, convirtiendo la vida en un infierno

¿Qué sentido tiene entonces el día a día? Qué pérdida de tiempo, de vida; qué falta de sentido

A veces las personas se empeñan tan absurdamente en vivir infelices, que me dejan sin aliento...

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