UN DOLOR CRÓNICO...

La gran tragedia de los que hemos tenido heridas emocionales tempranas es que siempre queda un dolor, intermitente pero crónico, que reaparece en determinados momentos. A veces se debe a que por nuestra historia, somos capaces de soportar estar junto a personas que nos traicionan y no nos reconfortan (es lo que conocimos en la infancia) pero otras veces -y quizá sea mas dramático- cualquier fallo de empatía de la otra persona, o una muestra de autonomía que el otro tiene, es vivido como un abandono.
No sé si hay remedio para esto desde el momento en que en ocasiones nos dan amor y no lo podemos sentir...Quizá lo mejor sea aceptar que ese dolor siempre nos va a acompañar de forma intermitente, y que aprendamos a desarrollar la tolerancia a esos momentos, siendo muy, muy conscientes de cuando nos sentimos queridos, y fijemos con fuerza esos momentos en la memoria.
El remedio en el momento de dolor será no fijarnos en el ahora, sino en los recuerdos de nuestra felicidad pasada, porque el pensamiento se tiñe del sentimiento oscuro que tenemos, y la memoria sólo nos trae lo que está teñido de ese color. Debemos hacer un esfuerzo para rememorar los otros colores, ya que lo que nos sucede es lo mismo que olvidar en invierno que el verano existe.
Paradójicamente, con esos ejercicios de memoria podremos disfrutar mejor del ahora...

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