ANIMALES DE COMPAÑÍA

Me acuerdo que cuando era pequeña me sentaba en el regazo de mi madre. Lo hacía silenciosa y casi sigilosamente, apoyando mi cabeza en su pecho y sintiendo su olor y su pulso. Mi madre no era una madre expresiva. Era tímida en su afecto, pero era cálida. Se respiraba su calor.
No sé si es por eso, que prefiero el cariño austero de los gatos, que se suben en mi regazo y duermen al ritmo de mi respiración. Los gatos son independientes, se vinculan sin dependencia ni sumisión, pero hay un acuerdo tácito de cuando se dan los afectos y una comunicación con ruiditos, maullidos y el movimiento de su cola.
Sin embargo, sé que hay otras personas que prefieren la expresividad canina, mucho más ruidosa. Su sumisión les hace parecer mucho más a un infante, con sus reclamos y  con las obligaciones que impone con sus necesidades de salir a la calle.

Pintura de Oide Toko
No conozco ningún estudio que relacione los estilos de apego con el amor a gatos y perros, pero lo que está claro es que nos vinculamos a los animales con apego, a veces mas aferrado, y otras veces, con un apego más suelto, según las características etológicas de las especies.
Hay gente que encuentra exagerado el amor a los animales. Pero quién piensa esto se olvida de que el afecto, la vinculación, la solidaridad y el amor tienen sus raíces en una biología que compartimos en gran parte con el resto de mamíferos. Hay estudios que han demostrado que las ratas cuando nacen, si son separadas de su madre, de adultas son mucho más agresivas. Hasta en especies repugnantes para algunos como las ratas, la violencia se asocia a la falta de cuidados maternos.

Amar a los animales también nos habla de con quién nos identificamos y nos sentimos unidos, si sólo a nuestra especie, o también a la vida entera. La empatía no se limita únicamente a nuestros semejantes, sino a toda la Biosfera. Podemos captar con esa empatía que los animales (por lo menos algunos) muestran emociones y sentimientos, como los elefantes y chimpancés que se lamentan por su compañero de manada muerto. Fue Darwin el que enraizó las emociones en la evolución como especie. No somos los únicos que sienten...

Una mascota nos da compañía, y se vincula a nosotros incuestionablemente igual que lo hace un hijo en la primera infancia. Puede ser muy gratificante y terapéutico tener un vínculo con un ser vivo, aunque no sea humano. De los beneficios pueden hablar todos esos niños que pueden tener dificultades de desarrollo, pero que al relacionarse con un caballo, un perro o un caballo experimentan una mejoría.
Y es que el afecto y el amor curan...El ser humano se beneficia de vincularse con toda forma de vida. Incluso se puede experimentar una forma extática de amor al conectarse y sentirse unido a la Vida.

Quizá el único "pero" que podría encontrar sería el caso de que alguien pueda vincularse a los animales pero no lo hace con humanos, que sea muy empático con el sufrimiento animal, pero que no lo sea con el de otros humanos. Pero este "pero" es más una excepción que una norma. En general, quién ama a la vida, ama toda forma de vida.

Ana Cortiñas

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