LEALTADES

Uno de los libros que me ayudaron a entender mejor a las familias fue el de Lealtades Invisibles de Boszormenyi-Nagy. En este libro describe que hay personas que tienen que demostrar permanentemente la permanencia a un grupo familiar a través de la lealtad a sus miembros y a la familia, siendo visto como traición cualquier paso hacia la autonomía. Para sostener al grupo familiar tal como está ahora, puede necesitarse que el miembro que sienta el deseo de partir y evolucionar, tenga que sacrificarse.


Ilustración de Nerida de Jong
Muchas veces me he encontrado con este tipo de lealtad en algunos pacientes que fueron maltratados, cuando al contar sus infancias sienten una gran culpa por enseñar el lado oscuro de sus familias. Y otras veces me lo he encontrado en miembros de algunas instituciones como la militar o algunos tipos de trabajo, en que la lealtad se evalúa y se valora, lo que impide sacar a la luz elementos turbios e injusticias.

¿Por qué, si la lealtad es un valor, puede convertirse en una rémora que nos impide ser libres?

La vida es siempre una interacción entre el individuo y el grupo. Nuestra supervivencia depende de formar parte de relaciones que nos protejan y nos ayuden, y el sentido de pertenencia es una necesidad. La lealtad nos permite salvaguardar estas relaciones, y nos da el sentido de identidad que nos da la pertenencia. No pertenecer a nadie puede ser lo mismo que ser nadie... A veces, algunos individuos pueden encontrar su sentido de vida en ser sacrificado, como una virgen precolombina o un Isaac hebreo, que ofrece su existencia a un ser superior, cumpliendo el mandato de la familia de no separarse nunca, o no cuestionar jamás la ley del Patriarca. Otras veces, la familia necesita expulsar algunas historias o características que no quieren ser reconocidas, que se delegan en el miembro adecuado para ser el chivo expiatorio, y éste adquiere la identidad de oveja negra, o traidor. Ser sacrificado, expulsado o traidor son identidades importantes. Puede ser una solución de compromiso entre la necesidad de una identidad personal y la necesidad de pertenencia.

Lealtad y traición son las dos caras de la misma moneda, a veces, una falsa moneda...

Cuánto más jerárquico y/o enfermo es el grupo, mayor exigencia de lealtad. Se necesita asegurar que nadie va a abandonar el barco, precisamente cuando está lleno de agujeros. Los grupos y las familias más sanas no exigen la lealtad, porque la autonomía no es vista como un peligro, y no se impide la libertad personal. Paradójicamente, la lealtad se produce de forma más sana, porque se basa en el afecto y la confianza básica. Para las personas libres e autónomas, la lealtad significa no traicionar la confianza de las personas, no se refiere a complacer sus deseos.
La verdadera lealtad y la libertad personal van de la mano, unidas por el amor y la confianza mutua.

Pero también quiero llamar la atención sobre otro tipo de lealtad y traición...

¿Somos leales a nosotros mismos, a nuestro deseo de crecer y evolucionar y a nuestros valores?
Traicionarse a uno o una misma es la forma de vaciar de sentido nuestra vida, de llenar nuestros días de hastío y futilidad, de darnos la sensación de que la vida se escapa entre nuestras manos como si quisiéramos sujetar el agua del mar

Sin embargo, no hay nada que llene más de sentido nuestras vidas como cuando somos leales a nuestros valores e impulso a crecer. Cuando nuestra vida tiene sentido, incluso las adversidades, malestares y frustraciones pueden ser aceptadas como elecciones frente al sinsentido o hastío del pasar de los días. Se convierten en odiseas y tejidos...


Ana Cortiñas


Ilustraciones de Nerida de Jong (arriba) y Kinuko Y. Craft (abajo)

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