PROCESOS PSICOLÓGICOS

A nadie se le ocurre decirle a alguien que se ha roto una pierna, que lo que tiene que hacer es caminar como antes. La gente sabe que una fractura necesita un tiempo, y nadie duda de que con el adecuado reposo, los procesos de autocuración del cuerpo repararán la rotura, y el hueso soldará para ser cómo antes. No obstante, en una radiografía se notan las cicatrices; y dependiendo de la gravedad de la fractura, en los cambios de tiempo duele, o incluso, hay algunas cosas que ya no se pueden hacer como antes.
Y a nadie le extraña, ni nadie le pide a la persona que sufre, que diga que no le duela.

En los procesos de curación de heridas psicológicas pasa lo mismo, pero no es igual en el imaginario social. El psiquismo tiene también una capacidad de recuperación,  las heridas psicológicas también duelen, y necesitan de su tiempo para repararse, pero si te quejas del dolor y el pesar nos dicen que no somos fuertes ni positivos, que no sabemos agradecer las cosas buenas de la vida, o que nos victimizamos.

Nos guste o no, si nos hieren afectivamente tendremos que pasar por un duelo. Estaremos afectados durante un tiempo, necesitaremos llorar, gritar, pensar, y hablar una y otra vez sobre lo mismo. No podremos disfrutar de los momentos cotidianamente bellos, pero no por ello somos victimistas ni pesimistas. Necesitamos un tiempo para curarnos y sentir la pérdida y el dolor, re-sentirnos una y otra vez de lo que ha pasado, y eso precisamente es lo que nos hace madurar, crecer y evolucionar porque no aprendemos de las situaciones adversas si no tenemos conciencia de todo ello, de todos los significados de quién o de qué nos produjo la herida.

Pasado un tiempo, y si nuestra capacidad de  autocuración está intacto, nos reconstruimos y seguimos adelante. El tiempo es variable, y tampoco depende de nuestra voluntad. Dependerá de si nuestro sistema de autocuración está intacto y no afectado por traumas infantiles o anteriores a esta herida, de si somos más o menos sensibles y eso nos hace vivir todo con más intensidad, o si la herida la produce alguien en quién confiábamos y nos ha traicionado, o si fuimos víctimas del lado oscuro de la mente de otro ser humano...

Quién no puede superarlo, no podrá hacerlo por una intención de la voluntad. Igual que en fracturas graves se tiene que ir un tiempo con muletas, e incluso hay quién tiene que pasar por un quirófano y ponerse hierros y clavos,  algunas personas, o quizá todas en algún momento de su vida, necesitarán del apoyo de otras personas como una fuente externa de curación.

Fluir en estos procesos significa pasar por la experiencia, no querer cambiarla. Las personas surfean por las olas de las adversidades siempre y cuando tengan una tabla, o alguien se la proporcione, pero no se puede surfear sólo porque nos lo digan. Fluir con las experiencias requiere aprender a surfear, y ese es el aprendizaje que muchas veces obtenemos de la experiencia de la adversidad. Aprender a fluir, y de igual modo aprender a valorar los pequeños momentos de felicidad, los pequeños gestos, es el resultado de haber pasado por la experiencia dolorosa y, seguramente, es el resultado también de las muletas que nos proporcionan aquellas personas que nos ayudan a hacer la rehabilitación.

¿A qué nadie volvería a un traumatólogo-fisioterapeuta que nos diga que tenemos que hacer las cosas como antes y desoye nuestro dolor?

Si queremos ayudar a un herido, no le digamos cómo se debe sentir... Proporcionémosles experiencias de cariño y afecto.
Eso es en verdad lo que nos cura y nos deja fluir

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