PARADOJAS: POR QUÉ NO FUNCIONAN ALGUNAS RECETAS PSICOLÓGICAS

Fue Viktor Frankl el primero de los psiquiatras que empezó a señalar el problema de la voluntad en los cambios terapéuticos. En algunos tipos de síntomas psicológicos, el hecho de que el paciente quisiera que le pasara lo contrario de lo que le pasaba, en vez de ayudarle a cumplir el objetivo deseado, producía el efecto contrario.
Por ejemplo, alguien que sufre insomnio y quiere dormir. O alguien que se quiere relajar y no puede. O eso que te dicen que no debes pensar en algo, y precisamente es en eso en lo que piensas cuando te dicen que no pienses...

Y es que la voluntad, que es muy necesaria en la motivación para el cambio y para cambiar hábitos o dejar otros, puede ser el problema en otros aspectos.
Cuando se dice "yo quiero" se pone en marcha la parte del sistema nervioso que nos activa. Pero hay cosas que dependen de soltar, de no querer. Dormir no es un acto de voluntad, sino dejarse llevar y poder descansar. Lo mismo ocurre con relajarse, o tener una erección o un orgasmo. Cuando estamos pendientes del resultado y de que ocurra algo nos activamos y ciertas cosas sólo ocurren cuando no estamos esperando que nada ocurra. Ahí está la paradoja de la que hablaba Viktor Frankl.

Uno de los aspectos que se tienen que trabajar entonces, no son las técnicas de relajación, sino el querer controlarlo todo, el saber disfrutar del proceso y no del resultado. Cuando aprendemos a soltar, dejar marchar, incluso diría que nos rendimos o nos entregamos, ciertas cosas suceden por sí solas.
Eso que estoy planteando no es fácil de cambiar- ¡y desde luego que no por voluntad!- porque tiene que ver con la confianza en la vida y en el mundo. Para una persona hipervigilante es necesario tener una o varias relaciones de confianza que le permitan estar en la vida de otra manera. Quizá esa alta activación del sistema nervioso se deba a que se es altamente sensible, con lo que será necesario aprender a protegerse, pero puede ser también resultado de unas representaciones del mundo, de la vida y de los otros que provengan de las relaciones tempranas, que no nos ayudaron a aprender a autorregularnos.

Un cambio terapéutico se producirá entonces, cuando otras relaciones de confianza nos hagan aprender a confiar en el proceso de la vida y el de los demás. Por eso son tan importantes las relaciones con los demás, pues es a través de ellas como podemos modificar nuestra mente.

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