SONREIR A LA ADVERSIDAD NO ES NECESARIAMENTE RESILIENCIA

En los momentos de crisis es necesario recordar la capacidad del ser humano para resolver la adversidad. Pero confieso que me pone nerviosa la confusión que existe entre la superación de las crisis con ese estado de beatitud permanente que nos quieren hacer creer que es la resiliencia.
Podemos definir la resiliencia como la capacidad de superar creativamente las adversidades con las que nacemos o nos impone la vida. Resiliencia es más que adaptación, porque no sólo supone pasar por una situación difícil, sino transformarse en ella.
¿Por qué no es resiliente aquel/la que se adapta?
La adaptación supone mecanismos que son útiles en el momento, pero que no necesariamente nos hacen evolucionar como personas y que, en una situación futura, esas formas de adaptación pueden ser disfuncionales o pueden haber sido hechas a costa de la escisión de una parte de nosotros/as mismas o incluso, de la inflación narcisista del ego.
Un ejemplo de adaptación es este gasto farmacéutico brutal que hacen las sociedades del primer mundo en ansiolíticos y antidepresivos. La adaptación puede tomar forma de otro tipo de adicciones de drogas legales como el alcohol, o  ilegales como la marihuana,  o adicciones no químicas. La cuestión es que adormecemos el dolor y el vacío y nos adaptamos a la situación, pero no ponemos mecanismos que inicien el cambio real de la situación que nos genera el dolor o la angustia.
Pero también  puedo adaptarme negando los sentimientos de rabia y de dolor y funcionar reactivamente con una gratitud a la vida, un pensamiento positivo y una eterna sonrisa en la cara. Aparentemente, esta persona parece que sabe adaptarse bien y puede ser incluso admirable para otras personas, pero está utilizando mecanismos de defensa que suprimen y reprimen las emociones. En psicoanálisis se conoce este mecanismo como "formación reactiva" que sería adoptar el comportamiento y la actitud totalmente contraria a la que se siente inconscientemente. Por ejemplo, siento mucha rabia interna, pero siempre soy amable y estoy con una gran sonrisa, justificando, intelectualizando mi amabilidad. O siento un deseo "perverso" y soy costalero en la Semana Santa (en Palma hemos tenido un concejal así...). O tengo un gran dolor en el corazón, pero medito y medito, o hago rituales y soy una gran persona espiritual.
Los mecanismos de adaptación son útiles y necesarios en algunas situaciones en las que no podemos hacer nada para cambiar la situación. Por ejemplo, los niños pequeños reaccionan con adaptaciones porque no tienen capacidad ni poder para cambiar nada. La primera infancia y las relaciones de apego son muy importantes, porque de ellas depende que ciertos mecanismos formen parte de nuestra estructura de personalidad. Saber escindirse del dolor es necesario en una primera fase del trauma o la pérdida, mientras la persona reúne fuerzas para superar la situación. Pero si esta primera fase se prolonga en el tiempo, el resultado final será disfuncional.
Para ser verdaderamente resiliente no queda más remedio que quemarnos en el fuego transformador. No puede haber resiliencia si no hemos pasado por las emociones naturales y propias de la situación que nos toca vivir. Dice Cyrulnik, que para considerar a alguien resiliente es necesario que haya pasado por la experiencia de la muerte psíquica. Uno/a tiene que haber sentido que lo que antes era nuestra identidad, ahora ha muerto y se renace en otra forma y manera. Este proceso es imposible pasarlo en beatitud, sin sentir dolor, angustia, tristeza, ansiedad.
Los mecanismos resilientes no se basan en ninguna negación, sino en mecanismos que incluyen la solidaridad, el altruismo y la lucha por el cambio porque precisamente se sabe lo mal que se pasa; se lucha para que estas situaciones vividas no vuelvan a ser posibles. Hay gentes que superan maltrato, abusos, violencia, guerras y que se vuelven fuertes, duras, pero no son resilientes. Hay otros entonces, que superan estas situaciones preguntándose ¿cómo es posible que pase esto? ¿qué puedo hacer para que esto no vuelva a pasar?
En las personas resilientes hay un común denominador: una relación con otro ser humano que les permitió la esperanza. Y un impulso altruista para trabajar para el cambio, que les hace denunciar las situaciones injustas y/o que ayuda a generar estructuras para que el cambio sea posible.
Es cierto que después de todo, una persona resiliente ha aprendido a valorar la vida, las relaciones y lo que es verdaderamente importante de otra manera. Quizá una persona así se levante por las mañanas agradecida por estar viva y por tener un día más para disfrutar del sol, de la lluvia, del mar y el árbol...pero no nos podemos olvidar que eso ha sido un resultado de pasar por un camino.
Cuidado con los que nos quieren hacer creer que el resultado es lo mismo que el proceso, pues puede haber una ideología tras ello que nos empuje al inmovilismo y al sometimiento social.

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