REDES SOCIALES: EL YO DRAMÁTICO

Tomo de Jeremy Rifkin (La civilización empática), el concepto de yo dramático para reflexionar sobre lo vivido y observado en las redes sociales.

Desde luego que cambian las cosas en esta interconexión de mentes. Cuando era joven, las noticias corrían lentas -a pesar de la televisión- y estábamos condenados a creernos lo que nos decían...Hoy en día sigue siendo igual, salvo que las redes sociales pueden hacer que las mentiras y ocultaciones salten a la luz con una rapidez inusitada.

Pero mi reflexión no va sobre las ventajas sociales de las redes, sino los yoes que se observan...

También cuando era joven, las opiniones y las manifestaciones artísticas estaban reservadas a los que, después de un largo camino, se abrían paso en la vida pública, social o artística. La existencia de este blog hubiera sido imposible, y no me refiero tanto a lo técnico, sino a que mi opinión sería privada, limitada a mis amigos y colegas...no tengo peso profesional, ni político, ni social para que mis opiniones se publicaran; y ahora, basta teclear sobre compartir para que se difunda, con más o menos éxito, pero siempre hay alguien que lo lee...
Lo mismo pasa en facebook y twitter, donde todo el mundo comparte, opina, sigue a alguien o es seguido por alguien; y todos, en mayor o menor medida, NOS MOSTRAMOS. Ensayamos una nueva identidad en el escenario virtual de las redes sociales.

Aún cuando en lo virtual desconocemos realmente a la persona (lo que mostramos no es siempre lo que es) y eso permite que todos ensayemos personajes, no obstante, hay cosas que se observan y que como lapsus virtuales, al estilo de los lapsus freudianos, dan a conocer aspectos profundos de las personas.

Una de las cosas que llaman la atención es la forma en que las opiniones nos identifican, nos dan identidad. Me refiero al hecho de cómo es tomado como personal cualquier opinión contraria a la nuestra. Llama la atención el enfado que produce ver contradicha nuestra sentencia, hasta llegar a veces al ataque personal, casi al insulto, como si no tener razón significara nuestra invisibilidad. Quizá en el cara a cara nunca expresaríamos lo que decimos,pues escondidos tras la pantalla, librándonos de ver al otro en el cara a cara, en la expresión de la emoción, en su humanidad, nos libramos de la empatía moderadora.

Otro aspecto impactante es el despliegue de nuestras capacidades creativas. Hay un público al que mostrar lo que escribimos, lo que fotografiamos, lo que desarrollamos en alguna forma de expresión artística. Es el momento de expresarnos y desarrollar capacidades que antes nunca se hubieran mostrado, quizá ni desarrollado... En este sentido, creo que las redes son una herramienta importantísima para el descubrimiento de facetas creadoras.

Sin embargo, todas estas ventajas pueden convertirse en lo contrario para una persona inconsciente de su narcisismo. Puede hacer creer que lo que hago es más que el despliegue de nuestro yo dramático, y me puede hacer sentir artista, cuando nuestras cualidades distan mucho de llegar al grado de calidad y belleza que nos gustaría tener.

Quizá, a la conclusión que llego con más fuerza, es que incluso en el medio virtual desprovisto de la información que nos da la comunicación no verbal, los aspectos musicales de la comunicación nunca desaparecen: compartimos enlaces con ritmo, frecuencia, intensidad...respondemos a lo que nos dicen, o sólo nos mostramos y no interactuamos apenas, ignoramos sistemáticamente a alguien en concreto o nos limitamos a los grupos privados... Todo da una información de la que no siempre somos conscientes.

Y es que a buen entendedor, pocas palabras bastan.

Ana Cortiñas

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