QUIERO DEJAR DE SENTIRME MAL ¿ELIJO UN CAMINO ESPIRITUAL O UNA PSICOTERAPIA?









Afortunadamente en esta sociedad, la espiritualidad se ha desgajado de la religión, en el sentido de que no es necesario creer en dogmas para seguir un camino espiritual. Muchos son los que, tras sufrir por distintos motivos, o por la necesidad humana de dar un sentido a nuestras existencias, miran hacia aquello que es mayor que nosotros mismos, algo por lo que seguir adelante en medio de las dificultades existenciales.
Las religiones y filosofías orientales tienen mucho éxito desde hace unas décadas en Occidente, precisamente porque dan aquello que las religiones monoteístas, con sólo un código moral de mandamientos y pecados no conceden: un camino guiado, con una metodología y unos objetivos que se convierten en una práctica diaria con la que conseguir cambios internos. No dependemos de la gracia divina para la iluminación, y no se trata de unirse a un Ser Superior, sino que iniciamos una búsqueda de nuestro Self más profundo o la budeidad que todos los seres poseemos o nuestra naturaleza crística o el Atman...los nombres pueden ser diversos, pero tras este camino interior hay siempre unos principios que se han dado en llamar Filosofía Perenne y que tienen más que ver con un camino del místico más que con el del santo.


Por otra parte, la tradición laica y científica de Occidente, ha buscado conocer las causas del sufrimiento humano y, según hayan sido las explicaciones que cada escuela psicológica dé para responder a esto, se han ideado una serie de técnicas corporales y de palabra para aliviar este sufrimiento; técnicas y explicaciones  que han conformado las distintas psicoterapias que se ofrecen y se pueden encontrar en nuestra sociedad.

Si sufrimos y queremos cambiar la experiencia ¿a quién nos debemos dirigir?¿A Dios,a  un maestro espiritual o un psicoterapeuta?

Llevo décadas de práctica psicoterapéutica y de búsqueda espiritual. Creo interesante ofreceros mis reflexiones sobre mis experiencias y los conocimientos que he ido recogiendo y cultivando en estos años.

Por mi experiencia, he llegado a la conclusión de que para elegir una psicoterapia o una práctica, o una combinación de ambas cosas, debemos determinar cuál es el orígen del sufrimiento humano, y más en concreto, cuáles son la áreas y motivaciones de nuestro sufrimiento. Las distintas escuelas psicológicas dan respuesta a esta pregunta según sus teorías. Lo mismo ocurre con los caminos espirituales. ¿Quién está en lo cierto? ¿O están en lo cierto los dos?

Trabajando durante 15 años con jóvenes traumatizados, he llegado a la conclusión de que hay distintas fuentes para el sufrimiento humano, aunque a veces se interrelacionan y es difícil separarlas.

Hay un sufrimiento que proviene de la vida misma. Se trata del dolor que inevitablemente trae la existencia humana y que Buda refleja muy bien en su primera Noble Verdad: en la vida hay vejez, enfermedad y muerte. Nadie puede sustraerse de esta realidad de nuestra vida como seres humanos en este mundo, y no aceptarlo es fuente de un sufrimiento que se añade al inevitable dolor que nos traen las pérdidas. Esto a mí me hace pensar que en Occidente hemos creado una sociedad que en vez de proteger del sufrimiento, en muchas ocasiones lo acrecienta. Nuestros desarrollos científicos y técnicos han ayudado a prolongar la vida y a que muchas de las enfermedades desaparezcan. No obstante, nos seguimos haciendo viejos, enfermamos y morimos y ni todos los médicos del mundo, ni todas las operaciones de cirugía estética nos evitan la realidad que describe esta primera Noble Verdad.
Los caminos orientales atribuyen al ego, y a su afán por la supervivencia, la fuente del sufrimiento; y las emociones que están ligadas al ego ( o mejor dicho, a la supervivencia ) deben ser neutralizadas y combatidas. La meditación es la práctica estrella de estos caminos espirituales y la ira es uno de los caminos al infierno.


Pero siguiendo el consejo de Buda, no me creo que esta sea la única fuente de sufrimiento. Buda dijo antes de morir que no nos creamos nada sólo porque lo dice un maestro, así que me observo a mí misma y a los seres humanos con los que trabajo y me rodean, y observo que hay otra fuente de dolor.

Tenemos un desarrollo lento y dependiente de unos cuidadores al nacer. Esto es un avance en la evolución de las especies, porque el hecho de que durante mucho tiempo seamos plásticos a lo que podemos aprender del entorno, ha hecho que nos podamos adaptar a multitud de ambientes. Las emociones forman parte de esta estrategia de supervivencia, ya que son importantísimas para, por una parte, evitar peligros (como el miedo) y, por otra parte, nos ayudan a vivir en sociedad. Las emociones son las grandes herramientas que nos permiten la vida social (¿podríamos vivir en sociedad si no hubiera amor, culpa, arrepentimiento, vergüenza, incluso ira y miedo?) y las emociones se aprenden a  regular sólo en la interacción con el otro.
El hecho de que tengamos un "yo", también es un regulador de la vida social e individual, y sabemos ya que esta identidad se forja también en el seno de las relaciones.

Que seamos tan plásticos al ambiente, permite que se constituyan múltiples identidades, aprendizajes, memorias...todo nos sirve para adaptarnos a determinados ambientes, aunque luego, si el ambiente cambia, necesitaremos cambiar también. A estos aprendizajes les llamamos patrones de reacción, porque se pondrán en marcha cada vez que un indicio del ambiente nos recuerde la situación en la que lo aprendimos.

Por otra parte, hay mucha gente que sufre por la intensidad con la que sienten las frustraciones y las pérdidas que todos tenemos en la vida, y otros que sufren porque sus patrones reactivos les hacen caer una y otra  vez en las mismas situaciones y/o relaciones. Teniendo en cuenta que las emociones y la identidad se regulan en la historia de nuestras relaciones, otra fuente muy importante de sufrimiento se encuentra en la falta de regulación emocional y en los patrones reactivos que se han desarrollado en nuestro crecimiento como personas.




Jack Kornfield, psicólogo y maestro budista, cuenta en su libro Un camino con corazón su historia. Y cuenta, como después de volver de Tailandia, donde pasó una serie de años como monje en un monasterio budista donde aprendió y logró maestría en la meditación,  al volver a América se dio cuenta de que para poder progresar en su crecimiento espiritual y personal,necesitó iniciar una psicoterapia porque sólo con la meditación no podía comprender las situaciones en las que se metía y como reaccionaba ante ellas.
Hay muchas historias que sólo se pueden hacer conscientes en una relación con una persona que comprenda el desarrollo del psiquismo humano. Kornfield se dio cuenta también, que a veces la meditación le había "tapado" toda una serie de vivencias y emociones que no quería o no podía afrontar, y la había utilizado como un mecanismo de defensa supresor y represor de las cosas que no quería hacer conscientes. Después de esta experiencia, Kornfield, al tiempo que seguía con su practica espiritual, estudió Psicología y se formó como psicoterapeuta.

¿Qué es lo que nos puede sacar de la rueda del sufrimiento?

Los distintos estudios que se han hecho sobre la efectividad de las distintas terapias han demostrado que la mayor parte de la sanación reside en la relación de confianza que se establece con el/la psicoterapeuta. En esta nueva relación, podemos sentir el apoyo necesario para ser capaces de enfrentar aquellos recuerdos y patrones dolorosos que nos hacen reaccionar de tal manera que nos conducen a un sufrimiento inútil, el que va más allá del dolor que conlleva vivir. Luego, y según sea el problema por el que se inicia la terapia, habrá algunas técnicas o escuelas que funcionen unas mejor que otras.
Sin embargo, esto no se explicita en la efectividad de los caminos espirituales, aunque todos coinciden en la importancia de encontrar un maestro y un grupo de personas que también practiquen con nosotros. Pero yo creo que también, gran parte de la sanación que encontramos en la práctica espiritual, viene de formar parte de un grupo de apoyo y la relación de confianza que se establece con el maestro/a, que nos permite reconstruir la imagen que tenemos del mundo y de los demás.

Así que si queremos empezar a transitar el camino del crecimiento personal y espiritual es importante que nos hagamos la pregunta ¿por qué sufro? ¿no le encuentro sentido a la vida? ¿necesito una conexión profunda con algo mayor que yo mismo? ¿no sé relacionarme? ¿siento ansiedad, miedo o temor en situaciones que otras personas no lo hacen? ¿sufro por todo lo anterior? 
Es importante saber la respuesta a las preguntas, porque un psicólogo está preparado para todo lo que tiene que ver con el sufrimiento ligado a nuestro crecimiento personal, y no necesariamente está preparado para las preguntas existenciales. Y viceversa, un maestro espiritual puede darnos respuesta a nuestras preguntas existenciales, pero puede que no tenga el conocimiento necesario para entender el proceso de las emociones y las relaciones.

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