LA SOLEDAD QUE GOLPEA EL ALMA









La soledad no tiene que ver con la gente que nos acompaña. La soledad que nos golpea el alma es un sentimiento que nos provoca un agujero negro en medio del pecho, nos cierra la garganta en la angustia y nos deja desolados.
La soledad es el profundo sentimiento de no estar conectados. Puede que tengamos pareja, amigos o que realmente estemos solos, pero ese sentimiento no tiene que ver con la gente cercana, sino con la conexión que sintamos con ella. Tampoco tiene que ver exactamente con el amor, ya que a veces hay personas que nos quieren, pero no podemos sentir su cariño...¿por qué? ¿por qué si no hay "yo sin otro" nos sentimos en aislamiento?

Es difícil contestar a esta pregunta que formaría parte de la búsqueda de comprensión de nuestra naturaleza humana. Digamos que la vida necesita de multiplicidad de formas y de individuos para proseguir, aún cuando la vida existe antes de nuestro nacimiento y proseguirá después. La supervivencia de la especie depende de la supervivencia de los individuos, así que cabe postular que el sentimiento de ser un "yo" cumple su función, aunque en realidad no puede existir un "yo" sin el otro.  Quizá precisamente porque nuestra identidad se conforma con el otro, la falta de conexión se vive como una desintegración, un vacío, una falta de existencia, de sentido...

Nuestro sentido de Ser puede ser sentido gracias a que  otro entiende lo que nos pasa, a que nombra lo que sentimos, conecta con la emoción y nos hace experimentar la empatía y la comprensión. Daniel Stern, un psicólogo que, estudiando las relaciones tempranas llega a las grandes preguntas sobre nuestra naturaleza humana, habla de que hay una conciencia compartida, a la que llama conciencia intersubjetiva. La frase que definiría este tipo de conciencia es "yo siento que tú sientes  lo que siento...", lo que me hace sentirme en comunión contigo. Cuando se produce esta conciencia intersubjetiva con alguien, todo cobra sentido y el tiempo se paraliza. Es un momento donde todo existe en el "aquí y ahora" y se vive como un momento propicio, cumbre. Stern propone que no sólo la nutrición afectiva es necesaria para la supervivencia (en Psicología a esta necesidad se le llama apego o vínculo afectivo), sino que este apego debe proporcionar la experiencia de esta conciencia intersubjetiva, de comunión.








Las relaciones primarias son nuestro fundamento, pero que ni que decir tiene que no siempre los padres pueden proporcionar satisfacción a esta necesidad, pues somos padres en función de lo que hayamos aprendido.
En la adultez, la relación que nuestra sociedad nos ha condicionado para creer que sólo en ella encontraremos satisfacción a esta necesidad, es la relación de pareja. Por eso la soledad a veces se vive como anhelo de pareja y nos podemos ver envueltos en relaciones que, lejos de hacernos sentir en comunión, nos provocan emociones que nos permiten huir de la soledad sin resolverla. A veces hay personas que prefieren sufrir una mala relación de pareja antes que conectar temporalmente con la soledad. Este mandato es aún más fuerte en las mujeres, ya que la relación romántica nos da la identidad según el estereotipo de género. Sin embargo, en el hombre también se condiciona de este modo. Las estadísticas de cuánto tiempo pasa un hombre soltero o separado sin una nueva pareja, demuestran que es el hombre el que más rápidamente busca emparejarse de nuevo. Hay una tendencia de género a buscar la relación sexual para sentir satisfecha la huida y el alejamiento de la soledad.
Ciertamente, el enamoramiento y el contacto corporal sexual es lo más parecido a esta comunión a la que aspiramos. Pero sabemos amar según nos han enseñado, así que no siempre el contacto íntimo y sexual nos hace sentir de esa manera, de ahí que, pasado el tiempo inicial de pasión, donde queremos ver en el otro lo que queremos ver, no siempre la pareja y aún menos el sexo, nos satisfacen.

Sin embargo, hay personas que siendo adultas no se sienten solas aunque vivan solas y sin pareja. La comunicación intersubjetiva ha sido experimentada en algún momento con alguien, y hay una capacidad de conectar con las propias emociones y sentimientos, que aunque  dolorosos, son soportables y comprensibles. Ese contacto con uno mismo, es lo que permite que otros lo hagan contigo porque puedes comunicar simbolizando lo que se siente en palabras, o en alguna otra  forma de expresión simbólica y creativa como ocurre en el arte. Ese sentimiento de integración personal y de nuestra capacidad de conexión nos libera de la desolación y el aislamiento, aunque vivamos solos. De hecho, para algunas personas es necesario pasar por momentos y períodos de soledad, en donde se puede conectar e integrar las emociones,deseos, motivaciones y las acciones que estamos dispuestos a poner en marcha.

¿Pero qué hacer si nos sentimos vacíos y aislados? 

El impulso inicial es huir de este sentimiento. Huimos rodeándonos de gente, luchando para obtener objetivos materiales, nos hacemos adictos al trabajo, al alcohol , a las drogas o al romance. Ligamos todo lo que podemos y nos acostamos con quien no conocemos, no por la satisfacción de nuestras necesidades sexuales, sino para sentirnos en comunión con alguien por unos momentos. Si ligamos por satisfacer nuestras necesidades sexuales, el sexo se vive con satisfacción porque no se espera otra cosa de él. Si ligamos para huir de la soledad, estos encuentros nos llevan a un sentimiento de vacío cuando la respuesta sexual ya ha desaparecido.

La soledad es uno de los dragones de nuestra existencia, a los que debemos responder con coraje y energía.
Nadie se libra del dolor ni de la soledad si no se tiene la valentía de atravesarlos. Escuchar nuestro vacío y observar nuestro agujero negro como si fuéramos un astrónomo del alma, nos permitirá saber cuáles son nuestras necesidades profundas y por qué no las hemos satisfecho hasta ahora. Podremos hacer un balance de cuáles son las cosas que nos impiden sentirnos en comunión con el otro y nos permite integrar todas nuestras partes, que es lo que nos hace sentirnos conectados con la vida.






Si nos sentimos solos debemos tener coraje de atravesarla. Es lo único que nos permitirá que las próximas relaciones sean sólo aquellas en la que podamos vivir realmente "yo siento que sientes que yo siento..."




Ana Cortiñas

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