¿ES SIEMPRE LA AFIRMACIÓN PERSONAL UN OBJETIVO EN LAS RELACIONES?








La afirmación personal es un tema que se trabaja no sólo en la Psicología clínica, sino también en el mundo laboral y de los negocios, para mejorar las relaciones entre empleados, entre empleados y jefes, entre negociantes y clientes. Se trata de saber afirmarse y comunicar con asertividad lo que pensamos, deseamos, sentimos o decidimos.
La asertividad -saber comunicarse sin agresividad y sin pasividad- es la palabra clave que define la afirmación personal y es el motivo de la publicación de muchos libros de autoayuda. La asertividad es el virtuoso punto medio entre la pasividad que elige callar lo que se tiene o quiere decirse, y la agresividad del que lo dice con enfado, en un tono ofensivo, llegando a veces a humillar al receptor del mensaje.
Es indudable que para muchas personas la asertividad es un objetivo a lograr. En la clínica, yo trabajo la asertividad tanto con los violentos como con las víctimas de la violencia.

¿Pero la afirmación personal es siempre lo deseable?

Toda comunicación se da en el contexto de una relación. Y la relación tiene vida propia.
Cuando trabajo los problemas de pareja, tanto de los pacientes-clientes como los míos propios, una pregunta básica que (me) hago es ¿qué consecuencias tendrá sobre la relación? ¿qué tipo de relación se crea si insisto o no con la afirmación personal?
La relación es el triángulo entre tú y yo, es el sistema que se crea que va más allá de las partes y que es más que la individualidad tuya y mía. La relación tiene cualidades, calidades, se puede adjetivar...es afectuosa, nutritiva, sostenedora, confiable, asfixiante, intimidante, fría, delirante, equilibrada, desequilibrada, de dominancia-sumisión...
Si sólo pienso en mi afirmación personal ¿qué tipo de relación obtengo? ¿qué tipo de relación proporciono al otro? ¿el otro para qué lo quiero? ¿es el otro el que utilizo para mis planes y mis necesidades? ¿tengo en cuenta las suyas?
Yo diría que la afirmación personal es necesaria en aquellas personas que tienen relaciones desequilibradas, en donde el poder lo tiene siempre el otro y la relación se basa entonces en el poder, la dominancia y la sumisión. El objetivo debería ser siempre el equilibrio. En las relaciones comerciales el equilibrio se hallaría en que se satisfacen las necesidades y los objetivos de todas las partes, por tanto el lema debería ser "yo gano-tú ganas".







En las relaciones afectivas, el equilibrio estaría en que se proporcionara a ambos la satisfacción de las necesidades afectivas y en proporcionar a las personas que forman parte de ella, una relación basada en la confianza. La dominancia-sumisión en las relaciones de pareja conlleva violencia y abuso de alguna clase, para que el dominante pueda seguir siendo dominante y el sumiso, sumiso, aunque los papeles se cambien de vez en cuando entre los miembros de la pareja según quién gane las batallas de la lucha de poder que se establece. Cuando las relaciones afectivas, cuyo objetivo debiera ser alimentar el amor y crear un entorno afectivo y de seguridad para sus miembros, se convierten en relaciones de poder, es el amor el que pierde...




Una persona que tiene como objetivo siempre en una relación la afirmación personal, está utilizando a los demás como objetos para alimentar el ego. Bien mirado, muchas personas muy asertivas a veces tienen muy poca empatía, y yo diría que en el fondo se valoran poco. Siempre necesitan demostrar frente a los demás la superioridad de sus puntos de vista, sus deseos y sus necesidades...¿y dónde está el otro en la relación?

Insisto en que todos debemos saber ser asertivos, pero al tiempo negociadores y conciliadores. Esta moda ligada a la afirmación personal y a la consecución de mis deseos, incluso propuesta en estas "leyes" pseudoespirituales como la ley de la atracción y cosas así, reflejan una sociedad encaminada a la consecución de los objetivos, los logros, a expensas de la relación y la empatía con el entorno. No deja de ser una forma sutil de ley patriarcal, donde todos debemos luchar por conseguir los objetivos, ser los dominantes, aún a expensas de las relaciones. Nadie debe someterse, pero ¿debemos dominar?






En definitiva, ¿quienes somos sin relaciones? ¿podemos ser y vivir aislados?




Ana Cortiñas



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