A VECES LA PSICOTERAPIA IMPLICA MALESTAR

Pintura de Hedi Xandt
Hoy ha sido una sesión muy intensa. Intensa y larga. A veces lo que parece un problema de uno de sus miembros, como por ejemplo la conducta agresiva de un adolescente, se convierte en una sesión de lágrimas para todos cuando sale del fondo el dolor, la herida primigenia. Hoy ha sido la sesión en la que el enfado del adolescente se ha convertido en lágrimas de dolor por un abandono sentido en la infancia. Hoy ha sido la sesión del perdón. La de entender la herida y el enfado, y la de entender la humanidad de los padres, que no son perfectos y que hacen daño sin querer, abrumados por sus propias heridas de abuso y abandono. Hoy ha sido una sesión con muchas lágrimas

La tarea de la psicoterapeuta no es como la del psiquiatra o la del médico. Ni está igual valorada, ni es entendida. Así como a un médico se va con un dolor y se espera salir de la consulta con una receta que lo calme, de la consulta del psicólogo se sale a veces sintiéndose peor que como se ha entrado. Se sale removido, con sentimientos que se habían conseguido enterrar y que se querrían olvidar. 
¿Y para qué entonces se hace terapia?
Las heridas tienen muchas formas de cicatrizar y no todas funcionan bien. Supongamos que nos rompemos un hueso y no hemos ido al médico. El hueso cicatriza, pero mal. Se hace un callo donde no debiera, y eso nos provoca lesiones en la espalda. La fractura fue en el pie, pero nos duele el hombro. La inconsciencia de que el cuerpo funciona como sistema nos puede hacer creer que la rotura del pie no tiene nada que ver con el hombro, pero no es así: por un extraño proceso al caminar, los movimientos provocan un dolor en otra parte. A veces, en situaciones como esta, no sólo se tendrá que resolver la lesión en el hombro, sino que también se tendrá que hacer una larga operación en el pie para eliminar el callo indebido y que se forme otro como toca.
La ventaja de los cirujanos es que tienen anestesia. Todo esto se puede hacer con la inconsciencia del paciente, que duerme mientras le intervienen.

En Psicología no siempre pueden realizarse procesos con anestesia. Es más, a veces la cura procede de sentir el dolor que se quiso evitar. Lo terapéutico es pasar por el dolor. Si sale, como en esta familia de hoy, hay posibilidad de pedir perdón, de sentir comprensión, de ver que por encima de todo hay amor. Si sale, nuevas formas de comunicación pueden establecerse y el enfado deja de hacerse crónico.

¿Y para qué hace falta el terapeuta, entonces? ¿Si revivo el dolor ya vale?

La anestesia que proporciona un buen terapeuta es que asegura que no se va a forzar a sentir lo que aún no se puede digerir. Que va a permitir el ritmo lento, si es necesario; que sacará a la luz los recursos para poder superarlo y que va a dar un entorno de seguridad y confianza; y de esperanza. El buen hacer de un terapeuta permite que todo eso pase como un obstetra en un nacimiento, como la doula que da la mano cuando duele el parto, pero da el sentido de que todo ese dolor pasa porque se nace a una situación mejor.

No, la psicoterapia no puede prometer la felicidad, sino que es la siembra para que la evolución personal la permita.




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