PORNOGRAFIA

Noam Chomsky:
“La pornografía es la humillación y la degradación de las mujeres. Una actividad con la que no quiero tener nada que ver. Sólo hay que ver las imágenes, las mujeres son reducidas a vulgares objetos sexuales, eso no es lo que somos los seres humanos. Ni tan siquiera veo que haya nada que discutir.
Si para algunos eso es erotismo: es su problema. Si ellos obtienen satisfacción con la humillación de las  mujeres, tienen un problema”.
 
 
Katie Corry
La Etologia Humana (la ciencia que estudia las conductas humanas con base biológica, es decir aquellas que aparece por la presión de los instintos y necesidades biológicas,  aunque se completen con las diferencias culturales) señala diferencias en el comportamiento sexual de hombres y mujeres. En los comportamientos de galanteo, los hombres se fijan en los estímulos visuales, mientras que las mujeres se fijan en otros elementos como la voz y las palabras.  Esto sucede así entre hombres y mujeres heterosexuales, pero también aparece en el galanteo gay: los hombres suelen ser predominantemente visuales y las mujeres se fijan en otras cosas.
No todos los ambientes permiten la homosexualidad y, en el caso de los heterosexuales, el modo en que se muestran las mujeres a los hombres y los hombres a las mujeres dependerá de la cultura. Si los hombres no se fijaran en los elementos visuales no estarían tan exhibidos algunos rasgos como en la cultura occidental, o tan escondidos como en los países musulmanes que obligan a vestir burka a sus mujeres.
Así, no es extraño que la pornografía tenga un público mayoritariamente masculino, tanto en hombres y pornografía hetero, como en hombres y pornografía gay. La pornografía hace negocio del deseo de los hombres, pero no tanto del deseo de las mujeres. La pornografía nació para dar un servicio al macho humano.
 
En la liberación sexual que se inició en los 60, de la mano del feminismo de la igualdad, la pornografía empezó a no ser vista como producto del vicio o la lujuria, sino como estimuladores sexuales adecuados. Los sexólogos podían recetar ver películas porno o utilizar otro tipo de publicaciones para animar las relaciones de las parejas. Acudir a la pornografía era la iniciación típica de los adolescentes varones, y se ha estado aceptando como algo natural en la biblioteca oculta a los padres de los chicos. Incluso lo porno, como que sacudía el ánimo de los burgueses conservadores, ha llegado a plantearse como terrorismo antisistema. Pero aquí sólo se fijaron en liberalizar las relaciones sexuales coitales para las mujeres, sin cuestionarlas.  No se cuestionó la forma en que esta liberación era realmente reflejo o no del deseo femenino. Lo progresista era tener relaciones, tal como las tenían los hombres.
 
Pero si estudiamos la pornografía ¿qué vemos? En general son una exageración hasta la náusea de los genitales y de los pechos, coitos, felaciones, prácticas sadomaso y violencia, en donde los participantes son utilizados para el placer sexual y evaluados por el tamaño del pene o de los senos. Los estímulos son básicamente visuales, salvo gemidos y gritos orgásmicos; o sea, dirigidos básicamente a los hombres. Las mujeres aparecen en su vertiente de puta o demoníaca y tienen una sexualidad masculinizada cuando son activas.
 
 
Lo peor de todo ello es que es en la pornografía  en lo que se delega la educación sexual, por lo que la sexualidad se masculiniza y se entiende desde su punto de vista. En general, se espera tener grandes pechos para atraer a los hombres, los hombres están obsesionados con el tamaño del pene, y las relaciones coitales o -si somos un poco subversivos- el sadomaso y el bondage, son el prototipo de la relación sexual. El grado de deseo en las mujeres se mide por baremos de los hombres; se hacen generalizaciones como que en la menopausia la mujer pierde el deseo sólo porque cambia de forma.
¿Entonces, en qué lugar queda la mujer?¿dónde aparece en ese supuesto terrorismo antisistema lo que verdaderamente les gusta a las mujeres que aparecen en  los estudios etológicos sobre la sexualidad femenina?¿dónde queda el deseo femenino como protagonista?¿dónde están las relaciones sexuales afectivas?¿dónde las relaciones en las que lo importante para los dos marca la negociación del juego sexual?¿dónde están los cuerpos verdaderos de hombres y mujeres?¿dónde está lo que le gusta a las mujeres del cuerpo de un hombre?¿dónde está el proceso de conocimiento mutuo?
 
La pornografía es una violencia corporal. Marca el modelo femenino de belleza entre caderas estrechas (no importa la posible función procreadora del vientre de la mujer si es que lo desea) y pechos enormes, inflados, redondos y caucásicos (nada de pechos africanos, americanos o mediterráneos). El gran negocio de la cirugía estética es una prolongación pornográfica de la medicina. La pornografía impone unos mandatos corporales que nos hacen aborrecer nuestros cuerpos.
 
La pornografía es la utilización del otro como objeto sexual. No es erotismo, no es el afecto deseante del otro al que quiero conocer en su intimidad. Es puro placer hedonista, sobre el que no tengo nada que decir si no fuera porque esa búsqueda de placer no es una negociación. Es una imposición
 
 

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