LOLITA Y LA PEDERASTIA

Balthus
Cuando leí a Nabokov, la pederastia no era un tema del que se hablara mucho. Tampoco se hablaba de los abusos sexuales y de las consecuencias que tienen sobre los niños tanto como se habla ahora. La concienciación social del tema ha variado mucho.
Cuando lees a Nabokov o se ha visto la película se convierte el tema en algo literario, donde el lector puede meterse en la mente del que se siente atraido por una casi adolescente que muestra gestos seductores. Lolita se llama desde entonces a las niñas, o casi púberes que muestran su seducción. Convertir en literario un tema, significa que los lectores se pueden sentir identificados con comportamientos que el arte ratifica y casi justifica.
Pero ¿qué pasa con las Lolitas en la realidad? ¿Es la pederastia una orientación sexual como la homosexualidad, como dijo no sé qué doctor ligado a la sociedad americana de Psiquiatría? Según este hombre, como que los pederastas son resistentes a cualquier tratamiento como la homosexualidad cuando se trataba como una enfermedad, concluye que la pederastia es una orientación sexual como la homosexualidad, como si la relación que se establece entre dos adultos fuera lo mismo que entre un adulto y un niño...
Vivimos en una sociedad tan desquiciante que, en los mismos paises donde se persiguen los abusos sexuales en la infancia, hay concursos de belleza de niñas en las que se las viste y maquilla de forma que parecen jóvenes seductoras. Ya desde pequeñas se las prepara para ser objetos sexuales.
¿Se puede dar el caso de que niños pequeños tengan gestos seductores y actúen como lolitas? Desde Freud se ha considerado que la sexualidad no aparece en la pubertad, sino que los niños también presentan su propia sexualidad; la frase famosa de Freud era que los niños son "perversos polimorfos" describiendo sus formas de encontrar placer sexual que no eran el genital reproductivo, y que ese era el orígen de las diferentes perversiones, tal como se entendía a las distintas formas de placer sexual que se separaban de la genital coital.

Pero eso no explica a las lolitas. Ni tampoco explica la pederastia. Es Patricia Crittenden la que nos recuerda las similitudes entre la intimidad del apego y la intimidad sexual, y lo fácil que es confundirlas. Cuando se piensa que besos, abrazos, caricias, arrumacos, carantoñas son comunes en las relaciones  de padres e hijos y las de los amantes, sólo diferentes en la genitalidad y en variaciones sutiles de entonación, tono de voz, etc.., es fácil la confusión entre seducción y demandas de apego en algunos casos. De hecho, hay situaciones de sexualización de las relaciones padres-hijos que no son abusos sexuales tal como normalmente se entiende. A veces hay una esposificación del hijo a través de besos, tonos de voz que confunden la relación y desorganizan al niño. A veces los niños pueden adoptar posturas seductoras porque así alcanzan la atención de los adultos. De hecho, cuando un niño presenta conductas sexualizadas, suele haber carencias afectivas.
Balthus

La pederastia no tiene tratamiento simple. Pero si no se tienen en cuenta los temas del apego, es decir, las carencias afectivas y la fácil confusión a veces de los lenguajes de la intimidad, poco podremos avanzar a la hora de tratar a los pederastas y de proteger a los niños.
A la vez que, si no entendemos las conductas seductoras como carencias de apego, correremos el riesgo de llamar lolitas a niños y niñas con graves carencias afectivas.

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