DESPLAZAMIENTO: DESCARGAR LA RABIA SOBRE EL MÁS DÉBIL


En animales organizados socialmente en una jerarquía de dominancia-sumisión se puede observar este hecho: si un animal que está en un eslabón de la jerarquía inferior pelea y pierde la pelea con el otro más dominante, el animal vencido descarga su rabia en otro que es inferior a él.
Freud también observó que esto se da en humanos: personas que en el caso de tener frustraciones presentan una ira desplazada. No se muestran enfadados con el que les frustra, sino con alguien más débil que él. A este mecanismo se le llamó desplazamiento.

Hay muchas personas que hacen eso. En el día a día de las familias y las parejas se dan muchas situaciones de este tipo. Uno de los miembros es frustrado y descarga la ira o la ansiedad dando gritos, riñendo o provocando discusiones con las personas que le quieren. A veces un cónyuge se descarga en el otro, y éste otro en los niños, hasta que los niños son adolescentes y luego se descargan en los padres. También puede ocurrir en una jerarquía laboral: los jefes se descargan en los mandos intermedios, y éstos se descargan sobre los subordinados.

¿Por qué sucede eso? Todas las emociones son disposiciones a una acción, como por ejemplo cuando uno se enfada, grita y hace aspavientos para provocar la sumisión del otro y activar el sistema de apego. Un padre grita a su hijo cuando hace algo mal, y el niño se para y obedece. Cuando una persona se enfada o se pone nerviosa, pero no lo puede mostrar porque saldría perdiendo, lo hace con otra que le hará sentir que es el fuerte a pesar de que no lo es en el otro contexto. Es un mecanismo que se hace para preservar la autoestima y tranquilizarse. Si ese mecanismo se convierte en hábito en las relaciones, acaba por destrozarlas.

Se puede dar una vuelta de tuerca: a la espontaneidad del desplazamiento a veces se le puede añadir el placer sádico de humillar al otro. Esto es una característica de las personas que ejercen la envidia también: yo hago sentir mal al otro, soy fuerte y poderosa. Desplazo en la otra persona todas mis miserias y eso me hace sentir a mí bien. Es uno de los comportamientos mezquinos que puede tener el ser humano, y que es mucho más frecuente de lo que parece.

Creo que todos en algún momento podemos haber hecho esto en el contexto de nuestras amistades, compañeros laborales y familias. Pero si esto es un rasgo de nuestro carácter, o notamos que últimamente lo hacemos con demasiada frecuencia, es hora de pedir ayuda.

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