DESESPERANZA E INDEFENSIÓN APRENDIDA

Creo que junto con la angustia, la desesperanza es uno de los sentimientos de los que queremos siempre huir.
La desesperanza remite a la imposibilidad de hacer nada por recuperar aquello que se perdió. La desesperanza, por tanto, forma parte del duelo por la separación, pérdida o muerte de algo o alguien muy querido y deseado.
La desesperanza sobreviene cuando nos damos cuenta de que nada de lo que hagamos servirá para recuperar lo que perdimos. Es un estado de pesimismo e indefensión.
Si la desesperanza es por algo real, como cuando alguien muere o nos abandona emocionalmente, es una fase, un estadio del duelo y de la ruptura del apego.
Si la desesperanza es imaginaria (creemos no poder hacer nada donde otra persona sí vería la posibilidad) es llamada entonces indefensión aprendida, y es una característica de la depresión.
La evolución de la desesperanza o la indefensión son diferentes. En un psiquismo sano, el duelo prosigue su curso, y ese mecanismo de autocuración que todos tenemos, con un adecuado apoyo emocional y social, se pone en marcha. La desesperanza es una fase entre la protesta, la queja y el shock por la pérdida, y la reorganización psicológica posterior de la persona. Alguien que es abandonado por su amante, poco a poco volverá a la vida. Lentamente, las primeras risas compartidas con sus amigos, los rayos de sol del final del invierno, y los nuevos proyectos en la vida, harán que el dolor por la pérdida se resuelva y se cure. En el mejor de los casos, quedará en la memoria la nostalgia de los buenos momentos pasados con quién ya se fue, y el cambio permanente en la personalidad que las interacciones con esa persona nos hizo.
En el caso de la indefensión aprendida, la situación es diferente. La persona ha aprendido en algún momento, que haga lo que haga nunca podrá cambiar la situación de desesperanza: nunca nadie le querrá, nunca podrá encontrar trabajo, no se puede luchar contra la injusticia. El proceso de autocuración queda detenido por creencias internas, conscientes o inconscientes, y la persona permanece paralizada y en una actitud que algunos consideran "victimista". Y es que si las personas creen que no pueden hacer nada para cambiar la situación, realmente son víctimas. La cuestión aquí será la de poder trasmitirles que existen puertas o salidas.
Si queremos sacar a la gente de la indefensión (o nosotros mismos nos reconocemos paralizados) es muy importante el apoyo emocional activo, y, muy probablemente, la ayuda profesional.
Realmente, hay situaciones como la crisis económica actual que son difíciles de superar por uno mismo. Requieren de una creatividad solidaria para ser superadas. Otras veces es necesario que un profesional ayude a romper creencias profundas que la persona tiene sobre sí misma. Pero es muy importante tener en cuenta que la resiliencia de una persona se fundamenta en la fortaleza del psiquismo individual y en el apoyo social que siente la persona. Aquí no valen las acusaciones o confrontaciones de victimismo, ya que la persona no expresa
sus quejas por manipular o reclamar atención. Realmente cree que nunca podrá hacer nada para cambiar lo que siente.
Creo que es importante entender esto porque para algunas personas, la única salida a su sufrimiento es el suicidio.
Quizá el recurso que todos debiéramos fomentar para no caer en estados de indefensión es la creatividad y el compromiso con la vida, la solidaridad y el altruismo.

Ana Cortiñas

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