PERSONALIDAD TRASTORNADA

Todos tenemos diferentes rasgos de personalidad, que en múltiples combinaciones conforman nuestras individualidades que nos hacen únicos y diferentes unos/as de otros/as.

Si cada uno es como es ¿por qué hablamos de trastorno?

Realmente, con la etiqueta de trastorno no se está juzgando a la persona de una forma moral. Ni se está diciendo que esté "loco". Pero hay en el trasfondo una idea de salud mental positiva, que no se define por la ausencia de cuadros agudos o crisis de salud como puede ser los ataques de pánico, la depresión o un brote psicótico. Se trata de que en el concepto de salud psicológica se incluye la flexibilidad frente a las situaciones y experiencias que permiten el cambio y evolución personal y la capacidad de tener relaciones estables, nutritivas y sin conflictos siempre del mismo signo. También se incluye la capacidad de empatizar y tener en cuenta el bienestar del otro, con lo que no sólo no se utilizan a los demás como objetos de satisfacción de los impulsos, sino que se busca el bienestar, se evita el sufrimiento del otro; hay una preocupación por las otras personas.

Todos conocemos a personas que sólo piensan en sí mismas y razonan las situaciones de la vida exclusivamente desde su punto de vista (egocentrismo afectivo y cognitivo); personas crónicamente envidiosas; algunas con una dependencia excesiva de los demás, buscando siempre quién les resuelva la soledad; otras con altibajos emocionales constantes y exagerados; seres humanos que caen siempre, una y otra vez en la misma piedra, que no parecen aprender de las experiencias... Algunas personas siempre evitan la intimidad emocional, y otras se defienden de las frustraciones escindiéndose crónicamente de sus necesidades de afecto y conexión emocional.


Se puede decir que es un trastorno de personalidad, cuando a través del tiempo la persona no evoluciona, sino que involuciona. Es decir, de cada vez no sólo la persona no cambia, sino que exagera sus rasgos. El que antes era una persona pesimista, ahora es un amargado; el que antes era egocéntrico, con los años se ha ido volviendo totalmente narcisista; la que antes era lábil emocionalmente, ahora es totalmente inestable. El que antes era envidioso, ahora es perverso. Con el tiempo, si no se pone solución a la rigidez, ésta  se hace más grave y más difícil de modificar.

El género que utilizo en algunas frases no son prejuicios sexistas. Los condicionamientos sociales permiten más fácilmente que las mujeres expresen su malestar de una forma y los hombres de otra. Y cómo que muchas veces las rigideces y dificultades responden a los estereotipos sociales (como el que las mujeres son más inestables emocionalmente y los hombres son más duros y deben ser servidos por las mujeres) hay ciertos trastornos que se dan más en hombres y en otros hay más prevalencia en mujeres.

El trastorno también tiene distinta gravedad. Hay personas que al llegar a la vida adulta no pueden hacer bien la transición y la personalidad les predispone a tener trastornos agudos de salud mental como depresiones o incluso brotes psicóticos cuando la pauta de realidad se debilita.
Hay trastornos muy graves pero que son totalmente funcionales. Hay perversos, psicópatas que funcionan muy bien en sociedad: hombres de negocios fantásticos y exitosos, que incluso pueden ser encumbrados socialmente, y que hacen fortunas sin importarles el sufrimiento causado en los demás. Hay estudios que demuestran que los ejecutivos de grandes financieras responden al perfil psicopático. Las películas nos han hecho creer que los psicópatas son asesinos en serie...pero no hace falta matar a las personas para disfrutar del beneficio de hacer daño a los demás.

¿Cómo podemos alejarnos del trastorno?

Cuando una persona desea crecer, se fija en los patrones que se repiten en su vida.
Cuando una persona desea crecer, desea ir más allá de los patrones repetitivos y desea cambiar
Cuando una persona desea crecer, está dispuesta a integrar su sombra y las escisiones de sensaciones, sentimientos y partes de su ser persona.

La flexibilidad, la posibilidad que nos damos de cambiar y trasformarnos, junto con el deseo de no sufrir, pero tampoco hacer sufrir a los demás en las relaciones, es lo que nos permite desarrollar una personalidad sana, más allá del trastorno



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