CONCIENCIA INTERSUBJETIVA

Los estudios e investigaciones sobre las relaciones madre-bebé y del desarrollo de la persona desde sus inicios han demostrado que la persona surge de la intersubjetividad. Es con el otro cuando podemos formar el self, eso que llamamos "yo" y que en la adultez nos parece una entidad tan independiente.
Nos formamos en el reconocimiento que nos dan los demás a nuestras percepciones, sensaciones, emociones y sentimientos. Sólo si alguien, normalmente la madre, nos da entidad como sujetos independientes, crecemos con seguridad e incluyendo en el mundo al otro.
Cuando esto falla (y en ocasiones lo hace), cuando nuestros sentimientos no tienen entidad para otro, o somos una prolongación del self de nuestros padres; como cuando nos dicen cómo tenemos que sentir, o invisibilizan lo que sentimos para sólo dar validez a lo que les gusta o pueden sostener nuestro padre o nuestra madre, entonces,  el self se convierte en una entidad débil o autocentrada en un narcisismo insano.

Esa vivencia de que el otro sabe lo que sentimos, cuando somos conscientes de que el otro sabe lo que sentimos, y el otro se da cuenta de que sabemos que él o ella sabe lo que sentimos (siento que sientes que lo siento), se le ha dado en llamar conciencia intersubjetiva. El psicólogo Daniel Stern considera que la conexión intersubjetiva es una necesidad primaria de igual categoría que la necesidad del apego, la necesidad de sentirnos contenidos y protegidos.

Realmente, si lo pensamos, una de los grandes anhelos que tenemos es el de la conexión emocional. Necesitamos sentirnos en comunión con algún otro para no sentirnos aislados y yo creo que, muchas veces, tras ese anhelo de pareja en realidad existe esa necesidad de conexión emocional.

Ese condicionamiento, que nos constriñe sobre todo a las mujeres, de que es en la pareja donde y únicamente podemos encontrar esa conexión, forma parte de la confusión que a veces se da entre atracción y enamoramiento con conexión emocional. A veces proyectamos en esa ilusión de enamoramiento, la conexión emocional que necesitamos, aunque realmente no siempre se da y de ahí la rabia que existe cuando la pareja no funciona.

Esa necesidad de conexión también existe cuando algo nos va mal y necesitamos que alguien nos comprenda. Esa es la razón también de porqué las frases positivas que nos dicen los demás, o la contraargumentación positiva a nuestro punto de vista pesimista, no funciona. Cuando los demás no validan nuestros sentimientos, aunque sea cierto lo que nos digan, en vez de mejorar el estado de ánimo aumentan la brecha que nos hace sentir aislados. Lo que necesitamos cuando nos lamentamos es que validen lo que sentimos, aunque no sea cierto y sea un punto de vista negativo. Necesitamos que alguien nos exprese "entiendo tu dolor" o "entiendo que sientas que una nube negra está sobre tu cabeza".
 Cuando alguien pierde algo querido, aunque sea verdad que la vida sigue, que hay otras cosas en el mundo, y que el tiempo lo cura todo, necesitamos imperiosamente que alguien entienda nuestro dolor. Necesitamos sentir que el otro nos comprende; necesitamos sentirnos conectados. Es el otro entonces, en su comprensión, el que nos proporciona un puente a la vida, una conexión que nos insufle esperanza  en que la vida sigue y que podemos seguir conectados a ella.

Como muchas de las cosas de la vida, la solución al problema no es dar algo de signo contrario, sino incidir y profundizar en lo que se vive. Muchas cosas en la vida son paradójicas...el antídoto a la desolación no es mostrar lo bueno, sino adentrarse en la desolación del otro y crear un puente entre el aislamiento y la vida.

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