VIOLENCIA INTERIORIZADA

Los golpes físicos se curan. Los huesos fracturados se reparan, pero la peor violencia es la que se mete en la médula y se incluye en nuestra identidad.
Cuando alguien nos golpea, nos agrede, lanza una imagen sobre nosotros/as de te mereces el dolor, eres culpable o eres indigna/o. Si como adultos/as recibimos la agresión de otros, podemos defendernos de la violencia psíquica, aunque nos duela, porque nuestra madurez nos permite desidentificarnos de los mensajes que nos envía.
Otra cosa muy diferente sucede cuando la violencia contra nuestro ser se produce en el inicio de nuestra vida. La necesidad de que exista alguien que nos haga de espejo donde mirarnos y nos diga quienes somos, hace que creemos representaciones de nosotro/as mismo/as ( y de los demás) en función de esas imágenes que nos devuelvan los otros.
Es muy diferente crecer en una familia (del tipo que sea), que nos devuelve una imagen de felicidad por nuestra existencia, que crecer sintiéndonos decepcionantes o sólo dignos de amor si nos comportamos y hacemos lo que esperan de nosotro/as.
El problema de desobedecer estos mandatos tan tempranos es que no ser cómo nos dicen que somos nos deja sin identidad y con el miedo a ser abandonados. La angustia de soledad y aniquilación es una de las más extremas.
La identidad de género es una de las que más nos moldean en esta sociedad. Ante todo, nos identificamos como hombre o mujer, y aunque algunas personas puedan salir del estereotipo, no se consigue sin desobedecer ciertos mandatos.
Esta sociedad (y no sólo las familias concretas en las que hay violencia de género) es profundamente violenta con las mujeres. Expresiones como la profesión más antigua del mundo o insultos tan extendidos como hijo de puta, presuponen que el cuerpo de la mujer es un objeto. Desde tiempos inmemoriales, esa identidad como objeto forma parte de nuestra identidad como mujeres.
En el patriarcado, la mujer se define por el tipo de uso que el hombre hace de nosotras.
Reflexiono sobre esto porque me ha llamado la atención la defensa que hacen las mujeres de los hombres que no quieren reconocer su deuda y contribución al sistema patriarcal.
Muchos hombres se defienden de sentir el dolor causado a las mujeres (violencia de género, imposición de la ablación sexual, desfiguraciones y lapidaciones por adulterio, abortos de fetos por ser niña...) y de sentir culpa de género, hablando de la violencia emocional ejercida por algunas madres y mujeres (como si todas estas violencias contra las mujeres no fueran acompañadas intrínsecamente de violencia emocional).
Entiendo hasta cierto punto a los hombres que hacen eso...reconocer la culpa de género conlleva la necesidad de gran madurez y capacidad del reconocimiento del dolor de la otra persona.
Pero no entiendo a las mujeres que los defienden acusándose a sí mismas, salvo si pienso que no son conscientes de la violencia que se ha interiorizado en su identidad. Parece que si como mujer, eres consciente del dolor causado por la supuesta superioridad del hombre en el patriarcado, ningún hombre podrá querernos, seremos abandonadas.... Se asume en el fondo que la identidad de la mujer la da la mirada del hombre, y que una mujer sin un hombre no es nada. Es el abandono, la aniquilación.
Si este sistema patriarcal de violencia contra la mujer se instala en una niña mal querida por su familia, luchar contra esa inferioridad de género se hace sumamente difícil porque la mujer pone su esperanza en ser querida por un hombre.
El trabajo profundo con la psique es imprescindible. Es importante hacer junto a otra persona comprensiva, significativa y que tenga claro la dignidad intrínseca de toda persona, una limpieza en profundidad de todas las creencias que sobre nosotro/as mismo/as tenemos. Hacerlo con otra persona es necesario porque la naturaleza humana es intersubjetiva. Nuestras representaciones mentales son siempre yo con otro. Debemos generar junto con otra persona una nueva identidad.
En el caso de las mujeres, esta limpieza es importantísima porque la supuesta inferioridad como ser humanos impregna nuestra médula

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