JERARQUÍA EN LAS RELACIONES

Normalmente se entiende la jerarquía como una cadena de poder en los que unos individuos deciden y dominan sobre otros. Sin embargo, dentro de la Tª de Sistemas podemos entender la jerarquía como aquella organización que se distribuye según distintos niveles de complejidad, en dónde el orden más complejo incluye a los sistemas menos complejos y los organiza y coordina.
Un ejemplo de esto es el cuerpo humano, donde el sistema nervioso organiza y coordina los distintos sistemas corporales. Ese es el motivo de que ciertas enfermedades del sistema nervioso sean tan desorganizantes para la persona, a diferencia de otras enfermedades que afectan a subsistemas de orden inferior (entendido "inferior" como de menor complejidad). Por eso, alguien puede tener los riñones dañados y seguir siendo quién es, pero difícilmente una persona continua siendo quien es a medida que avanza el Alzheimer.

La jerarquía aparece también en los sistemas sociales. Los mamíferos se reúnen en torno al macho y/o a la hembra dominante de la manada en los mamíferos sociales. La forma en que esta jerarquía se manifiesta es a través de las relaciones de dominancia-sumisión y es siempre en beneficio de la supervivencia de la manada.

Los humanos heredamos la jerarquía en lo social y tanto podemos decidir que sea basándose en la complejidad y la coordinación, como en la dominancia-sumisión.

Yo soy partidaria de respetar la jerarquía cuando se trata de dar una mayor complejidad al sistema. Negar su existencia puede ser fuente de mucho sufrimiento. Me explico: hay sistemas como la familia que dependen de que los adultos, como miembros más expertos y preparados, protejan a los más débiles como son las criaturas. Es sistema de apego está fundamentado en esta jerarquía y los niños y niñas se dirigen inevitablemente hacia el adulto que está presente y que supuestamente debe protegerle. La relación entre padres y niños no es recíproca ni simétrica; las criaturas dependen emocional, afectiva y biológicamente de sus figuras de apego. Pero en esta situación, la plasticidad del comportamiento humano puede hacer que se den diversas situaciones, como que se respete la jerarquía por ambas partes o no. Si se respeta, los adultos toman la responsabilidad de la crianza entendiéndola como una relación en la que ellos deben dar y los niños, mientras sean niños, recibir. La jerarquía supone un poder, pero no necesariamente un dominio.

Si el adulto no lo ha aprendido así, o sus necesidades psicológicas le hacen necesitar dominar, esta jerarquía puede basarse en la sumisión de los débiles, actuando el miedo como conector en la relación. Hemos heredado este sistema de motivación (de sentirnos machos o hembras alfa) de nuestro pasado biológico, así que esto nos puede resultar fácil.
 Se produce entonces un abuso de poder. El sentimiento de tener dominio sobre otro puede ser muy placentero para aquellas personas con un desarrollo afectivo inadecuado. Este sistema de motivación puede suplir las carencias afectivas y de autoestima en personas que no encuentran su lugar afectivo en el mundo. Yo lo he observado en adolescentes miembros de bandas callejeras. 
En el otro lado de la ecuación, hay padres que no asumen esta responsabilidad y abdican de sus funciones. Los niños entonces, crecen sin estructura protectora y es posible que eso les haga unos tiranos al ejercer siempre, con el poco control emocional y la poca tolerancia a la frustración que tienen los humanos inmaduros, sus deseos.Para las personas que se sienten sin poder, someterse a alguien más fuerte les hace sentir protegidas, libres de tomar su responsabilidad en las decisiones de la vida. Eso es aplicable a los padres que no saben serlo y a los adultos emocionalmente dependientes de otro.

Debemos librarnos del falso sinónimo jerarquía/dominancia-sumisión. Es necesario que reconozcamos niveles mayores de organización de ciertos sistemas y personas. Hay personas que por su experiencia de vida y conocimiento se merecen el respeto de los más jóvenes. Hay sistemas que nos ayudan a organizarnos mejor socialmente. Pero eso no da permiso al que sabe más a ejercer un abuso de poder. Si podemos reconocer los diferentes niveles de complejidad de la vida, podremos dar a cada uno su lugar sin que esto nos de permiso para dominar. Podremos ejercer formas y maneras en que el poder se regule sin abusos.

Lo que sí es cierto es que se requiere un equilibrio psicológico y una estructura mental sana en sistemas sociales que tengan mecanismos para regular el abuso de poder. No es tarea fácil...


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