BIOLOGÍA DEL AMOR

En este punto, la teoría del apego debe ir unida a las ideas constructivistas sociales sobre la forma en que estos discursos dominantes pueden incidir en la configuración de nuestra elección de pareja y en las expectativas emocionales. Posiblemente,  tal discurso se basa en ideas que favorecen una orientación despreciativa del apego, que intenta separar el sexo de los sentimientos de intimidad emocional y posible vulnerabilidad. A algunos jóvenes les puede sorprender que los sentimientos de intimidad y proximidad sean los que mejor acompañan y asientan unos elevados grados de excitación y satisfacción sexuales.
Arlene Vetere. Rudi Dallos: Apego y terapia narrativa


El otro día preguntaba ¿dónde queda el amor? en aquellas personas que desoyen sus necesidades y deseos, pues es el amor y la intimidad lo que necesitamos tanto como el agua y la comida. Todo lo demás es ir contra natura, y aunque tenemos capacidad de sobrevivir, sin amor e intimidad no vivimos, solo somos supervivientes en un desierto afectivo.

El hecho de ser tan adaptables para poder sobrevivir en circunstancias extremas, ha sido gracias a que como especie hemos evolucionado de tal modo que se dejan cosas al aprendizaje y no tanto a los instintos, para que podamos aprender a funcionar según las circunstancias en las que como individuos nacemos. Los humanos somos condicionables (que es lo mismo que decir que aprendemos) y una de las cosas que más nos condicionan después de la familia, son los discursos sociales sobre lo que se espera de nosotros en tal o cual aspecto de nuestra vida.
El género, o los comportamientos que se esperan en función del sexo, se constituye por los discursos sociales sobre ser hombre o ser mujer. Entre los comportamientos de género están las relaciones sexuales.
Hasta no hace tanto, los mandatos sociales eran de represión de nuestro deseo y goce sexual. Éstos sólo se permitian en el seno del matrimonio heterosexual, siendo la mujer la dadora de placer del impulso y deseo sexual que se consideraba  propiamente masculino pero no femenino.

Nicoletta Tomás

Esta negación del deseo femenino y de las orientaciones homosexuales formaban parte de un discurso, no de una realidad. El discurso social hablaba de ninfómanas, putas, perversos invertidos y demás, y eso construia, en las personas que tenían impulsos más allá de esa normativa social,  seres abyectos y despreciables abocados a la exclusión social o a la represión personal. Recuerdo en este sentido, la protagonista femenina de Los gozos y las sombras de Torrente Ballester, que estaba convencida de ser una pecadora despreciable por encontrar gozo en la masturbación. Contra esos discursos represores y excluyentes se alzaron los movimientos feministas y deconstructivistas, llegando a la conclusión de que el sexo es una construcción social y que se deben dar otros discursos que permitan la liberación y no la represión del deseo.

Ese posmodernismo sexual se convirtió en otro discurso, a su vez, que ha condicionado los comportamientos sexuales, sobre todo el de las mujeres.
Así, las mujeres tenemos que tener un comportamiento sexual igual que el de los hombres, promiscuo pues si no, no somos mujeres liberadas; y este comportamiento está bien que esté desligado del afecto y de la intimidad, responsabilizando casi en exclusiva a las mujeres de la anticoncepción. El placer y el deseo se separan del otro en la relación, quedando el otro en el lugar de objeto sexual,  y cuantos más coitos mejor, midiéndose todo por el número de veces que se practica el sexo. Incluso se habla de los beneficios del sexo en términos de calorías que se gastan, o si sube o baja la tensión arterial.
Este discurso no escapa de los condicionamientos patriarcales, aunque aparentemente sea lo contrario. Los chicos de hoy en día siguen desconociendo el cuerpo de la mujer, incluidas las mismas mujeres, porque el sexo es una construcción social, y no se tiene en cuenta la biología. Entonces, sigue habiendo un porcentaje altísimo de mujeres que no tienen un orgasmo, forzadas a tener relaciones que las dejan vacías para quedar bien y ser mujeres modernas y liberadas,  y abocadas a abortos que se podrían prevenir.
El abrazo, Picasso

 
Este constructivismo sexual posmoderno nos aleja de la biología del amor, que es nuestra biología humana. Nos aleja y aliena de la experiencia por la que hemos pasado todos como el de que el enamoramiento es el mayor afrodísiaco que tenemos. Nos aleja de nuestra necesidad corporalmente sentida, de establecer intimidad y afecto, y de unir en el deseo al otro, del que depende no sólo nuestro propio bienestar, sino tambien la construcción de una sociedad sana.

Un deseo sexual que no contemple al otro como persona, sino como mero objeto sexual, no será nunca específicamente humano. Ni podrá hacernos experimentar el goce que va más allá del orgasmo. Y con esto no defiendo el otro discurso social del amor romántico, sino que necesitamos conexión emocional e intimidad y que negarlo puede ser más perjudicial de lo que pensamos.


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