FLEXIBILIDAD Y RESISTENCIA AL CAMBIO


Si el cambio fuera constante no se podría aprender. Si la estabilidad es la norma, no se puede aprender
Quizá porque tanto cambio como estabilidad son necesarias para el aprendizaje, en nosotros aparecen las dos tendencias. En cualquier nivel de la vida aparecen dos fuerzas aparentemente contradictorias, una que mueve hacia niveles de mayor complejidad y otra que se resiste al cambio. En el lenguaje de la Tª de Sistemas se llaman morfogénesis y homeostasis.
La evolución natural es un buen ejemplo de lo que decimos: es un equilibrio entre la estabilidad que permite sobrevivir en un determinado ambiente junto con la posibilidad de cambio cuando las condiciones son diferentes.
Nuestra evolución psicológica tiene el mismo funcionamiento. Nacemos lo suficientemente plásticos como para podernos adaptar al lugar donde venimos y aprendemos determinadas cosas que nos permiten manejarnos, siendo la plasticidad cada vez menor a medida que maduramos. Si siempre fuéramos plásticos, cualquier pequeña variación nos haría fluctuar independientemente de si fuera una variación pasajera. No podríamos sostener los aprendizajes que nos permiten adaptarnos al medio social. Así que es útil y necesario cambiar cuando las variaciones del ambiente son estables, cuando el cambio significa adaptación.
La necesidad de flexibilidad para adaptarnos a los cambios psicológicos aparece en textos tan antiguos como el Tao Te King, siendo hoy en día considerada como una de las características de la salud mental e incluso uno de los rasgos que se asocian a la inteligencia. En general, ser capaces de aprender a responder en formas nuevas a las nuevas situaciones es una característica de cualquier sistema para que pueda evolucionar a un mayor nivel de complejidad.
Pero por otro lado, una flexibilidad máxima nos haría ser demasiado influenciables y sin capacidad de valorar si los cambios que se producen son permanentes o modas o tendencias pasajeras. No nos permitiría ser íntegros y coherentes con nuestros principios y valores y con nuestros afectos. Ni la confianza  podría darse, porque ninguna seguridad en ningún vínculo ni persona podríamos tener...
El vínculo seguro, que sustenta nuestra regulación emocional y nos hace valientes para poder explorar, se sustenta en ese equilibrio entre flexibilidad y estabilidad, seguridad y coraje, confianza y novedad. La noción de "base segura desde la cual explorar" es lo que destacó Mary Ainsworth en sus observaciones sobre las pautas de crianza que proporcionan una buen cimiento para la futura salud mental y evolución personal. Digamos que esa va a ser la polaridad (seguridad-exploración) que se convertirá en la fuerza arquetipica que dirige una buena adaptabilidad psicológica para desarrollar nuestra personalidad.
Por el contrario, ciertas experiencias en la primera infancia nos van a condicionar esa fuerza evolucionista. Aprendizajes tempranos que nos permiten confiar, o que nos magnifican los miedos a la novedad, harán que nuestra personalidad se desarrolle con dificultades para asumir los cambios. Quizá por eso, tal como se ha demostrado en algunos estudios que se han hecho en los Estados Unidos, las personas miedosas son políticamente conservadoras...
Cabe esperar que si fomentamos individuos maduros y seguros emocionalmente, las sociedades que se formen serán mucho más flexibles, inteligentes y con el coraje suficiente para cambiar...

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