A-DICCIÓN: LO NO DICHO



Una alumna en una clase que dí sobre los estilos de apego me llamó la atención sobre uno de los significados de la palabra adicción...es lo no-dicho.
Una de las razones por las que las relaciones tempranas son tan importantes es porque cumplen la función en el inicio de la vida de ser el regulador de nuestras emociones. Nacemos con dotación para una mínima autorregulación emocional, para desconectar cuando algo supera el lábil sistema nervioso cuando somos infantes, pero no tenemos la capacidad de autoconsolarnos ni mucho menos de entender lo que nos pasa. Ese papel lo cumple nuestra figura de apego (generalmente nuestra madre), así que es fácil deducir qué pasará cuando esta figura no responde a esa necesidad. Tenemos además la seguridad de que esta deducción es la correcta, porque hoy en día ya se tienen estudios suficientes para que se haya podido comprobar.
Uno de los resultados de que consistentemente no nos consuelen, porque nuestros padres no son capaces de consolarnos y/o  además, creen que es su deber no hacerlo (como cuando les han convencido con falsa ciencia que no es bueno que los niños estén siempre consolados, o que se les debe dejar que lloren para que "aprendan" a dormir) es que echamos mano de aquello que nuestro sistema nervioso nos ofrece como medida de emergencia, que es la desconexión. Al desconectar dejamos de sentir la conciencia de la emoción, pero eso no quiere decir que se haya resuelto, ni mucho menos superado.
Adoptar esa única forma de regular nuestras emociones acaba por formar una estructura defensiva que nos marca la personalidad. Nos volvemos seres evitativos de la conexión con nuestras emociones, aunque eso no quiere decir que nuestro organismo no viva el distrés como un malestar amorfo, una tendencia a la explosión emocional o incluso en forma de dolores físicos. Para este malestar no tenemos palabra ni hábito de comunicarlo. Incluso aunque quisiéramos comunicarlo, no podemos encontrar la forma de expresarlo...
Es fácil en nuestra sociedad encontrar una sustancia o una actividad que se utilice como sustituto del consuelo emocional. Salir, ir de fiesta y de copas o incluso las adiccíones no químicas como hacer deporte compulsivamente, comprar, juego, etc cumplen el papel de una medicina ansiolítica y antidepresiva. Nos ayudan a desconectar, cosa que viene bien de vez en cuando, pero nos hacen seres depenientes de "algo", lo que oculta nuestra dependencia no resuelta de "alguien".
En esta sociedad donde tantas drogas, legales, no legales, químicas o no, nos hacen tanta falta, deberíamos replantearnos qué hacemos con nuestros niños. Deberíamos replantearnos la falta de valor que le damos a la primera infancia y a la función materna.
Vivimos en una sociedad que necesita valorar a la madre...

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