DEPENDENCIA EMOCIONAL Y REGULACIÓN EMOCIONAL



Quién no llora no mama, dice el refrán español.
Y si al llorar no mamas, llora más fuerte...
Esa ha sido la experiencia de muchos niños y niñas...sólo han sido atendidos si la intensidad del reclamo era tal que por fín se conseguía la atención. De esta forma aprendemos que si nos sentimos mal, nos sentiremos peor, mucho peor antes de que aparezca alguien y nos rescate. La intensidad de la emoción y el malestar es tan alto que es imposible que la autorregulación funcione; nadie nos enseña a calmarnos, sólo conseguimos que el otro reaccione y se acerque a nosotros. Si nadie nunca viniera, aprenderíamos a desconectar, pero como que aparece alguien si lloramos lo suficientemente alto durante algún tiempo, se nos refuerza la intensidad emocional y aún más la necesidad de alguien a nuestro lado.
Sentir que sólo la presencia de alguien nos puede salvar del monstruo de la angustia, miedo y la ansiedad de la soledad es el terreno perfecto en el que se abona la dependencia emocional en la vida adulta en las relaciones con los demás. El que vivamos en una sociedad en donde se ha mitificado el amor romántico de pareja, propicia que haya muchas personas que dependen emocionalmente para subsistir de tener una pareja. Al añadirse la situación de desigualdad entre hombres y mujeres, la sumisión de la mujer al hombre es muy, muy frecuente.
Ser dependiente de alguien significa que se vive con miedo permanente de perderlo. ¡Nuestra supervivencia emocional va en ello!. Los celos son el termómetro del abandono. Se disparan ante la presencia real o imaginaria de alguien (o también virtualmente de algo) que nos puede robar al amado/a.
Sentir que dependemos de alguien también nos hace cerrar los ojos ante señales que una persona más segura no descartaría. Si somos dependientes podemos pasar por alto que realmente no nos apoyan aunque estén a nuestro lado, o perdonar maltratos y humillaciones con tal de que alguien siga a nuestra vera.
Cambiar la dependencia emocional puede ser complicado: no bastan exhortaciones a tener más autoestima. Se tiene que construir una seguridad emocional aprendiendo a regular las emociones y aprender a superar el vacío emocional que la soledad asocia cuando eres tan dependiente. Ser capaz de autorregularnos nos permite no tener que depender de nadie y que podamos poner límites al malestar que puede provocar la relación. Si una relación no me satisface, pero no me asusta quedarme solo o sola, podemos decir ¡basta!
Aprender a manejar el malestar emocional es fundamental para dejar de ser víctima de una relación de pareja y resolver nuestras dependencias emocionales.

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