VERGÜENZA


Me parece muy interesante compartir en el blog este fragmento del libro de Boris Cyrulnik Morirse de Vergüenza
El malestar no está siempre provocado por un hundimiento traumático. En las pequeñas vergüenzas de la vida diaria la autoestima puede recibir golpes. Estas pequeñas manchas revelan el desarrollo de la empatía, el respeto a las representaciones del otro, punto de partida de la moral: ¿qué pensará de mí?. Las pequeñas culpabilidades también tienen una función moral :"siento haberte herido. Trataré de rehabilitarme". No es posible permitírselo todo cuando se tiene en cuenta el mundo de los demás. Sin vergüenza y sin culpabilidad, nuestras relaciones serían solo de violencia. Una pizca de vergüenza, una sospecha de culpabilidad nos permiten coexistir en el respeto mutuo y aceptar las prohibiciones que estructuran la socialización.
Esta anulación de uno mismo para respetar más al otro convierte la vergüenza en un poderoso medio de control social. Uno nunca está solo en la vergüenza, porque siempre sufre por la idea que se harán de él bajo la mirada del otro.
Esta intersubjetividad muda o mal verbalizada explica el trasvase de sentimientos. Aunque el otro esté ausente, está presente en la representación: "Mi padre estaría orgulloso de mí" pero también se puede pensar: "si mi madre supiera lo que he hecho se moriría de vergüenza". Ya se trate de vergüenza o culpabilidad, nuestra disposición a la moral nos sitúa en un tribunal imaginario
Durante muchos años en la literatura de autoayuda se ha valorado la vergüenza como de algo, un sentimiento a deshacerse. Estos libros se han escrito porque los lectores potenciales suelen ser personas que sufren de inhibiciones por un exceso de miedo al ridículo, o una autoestima baja. Pero como ya veis, la vergüenza y la culpa son emociones que implican el tener el otro en cuenta, aunque sea en exceso.

Por desgracia, en el mundo hay muchos sinvergüenzas...

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