AMOR Y VIOLENCIA

Gran parte de la violencia de un país que no está en guerra se da en el interior de la familia. Para mí fue un shock darme cuenta de lo asociado que está, en contra de lo que pensamos como el ideal del amor, el amor con la violencia y el sufrimiento. Un@ puede pensar que el riesgo del amor está en la pérdida y el abandono, pero hay amores que matan...

En la violencia doméstica, intrafamiliar y de pareja, la agresión se relaciona con el vínculo afectivo. Cierto es que hay machismo cultural y que el patriarcado ha impuesto unas relaciones de dominancia-sumisión en el interior de las familias. Hay gente que defiende que los hijos y  las relaciones intrafamiliares están en el ámbito de lo privado y que uno en su casa hace lo que le parece... pero no podemos obviar que la violencia se da en el contexto de una relación afectiva y que no se maltrata a las mujeres ni a los niños de otras familias o parejas, salvo que se sea un peverso pederasta o un violador.


Y ahí entramos de lleno en el campo de la salud mental y en cómo el amor se vive en función del grado de desarrollo y madurez psicológica.

El amor que es vivido como sustento, apoyo y nutrición es difícil de dar y de recibir por parte de las personas que no tienen un desarrollo óptimo psicológico. Para poder amar con generosidad y libertad, se tiene que haber internalizado una seguridad emocional, desarrollado la empatía y la capacidad de sentir la propia vulnerabilidad no como una amenaza psicológica de desintegración, sino como parte de la aventura y el coraje de querer, de vivir.

Sin embargo, las personas inmaduras, con una baja regulación de sus emociones y escasa empatía, ven en la libertad del otro una amenaza a su seguridad y su vínculo. Dependen de la relación de otra persona y cualquier vínculo externo de la persona amada (puede ser otra amistad, un compañero de trabajo, una afición...) es vivida como una amenaza de abandono. Los celos son un sentimiento complejo, en el que van unidos el miedo a ser abandonado con el enfado con la persona que quiere supuestamente, abandonarte. La inseguridad alimenta la ira y la ira conduce a la violencia... Y es mucho mejor atacar y agredir a la persona que te daña la integridad psicológica que dejarse desintegrar con un abandono.

Los mandatos y los condicionamientos sociales que se expresan en forma de creencias irracionales machistas y patriarcales sostienen ideológicamente esa forma de amar. También influyen esas creencias que el "amor pasional", ese que te mete en una montaña rusa emocional, es el auténtico y deseable amor. Ese es uno de los engaños del amor romántico que nos venden las películas y que son tan literarios. Pero en el núcleo, en el corazón de la violencia, hay emociones difíciles de afrontar para una persona con vínculos de apego inseguros y desorganizados. Alguien con un buen desarrollo emocional sabe librarse de estos condicionamientos culturales y sociales.
El problema con el que me he encontrado trabajando con adolescentes en los que ya se prevé este tipo de relaciones que son caldo de cultivo del maltrato, es que las parejas se forman con personas con un grado similar de desarrollo afectivo y emocional. Una mujer con seguridad afectiva y que sabe establecer vínculos tranquilos, aunque sea de sólo 17 años, no se va a dejar maltratar por un novio celoso. Probablemente entienda que los celos son inmadurez incluso para un chico adolescente, y se va a buscar una pareja que la quiera libre... Sin embargo, las chicas inseguras ven en la prohibición del novio de eliminar amigos del tuenti o facebook o messenger, o la prohibición de que no vayan vestidas según como, una muestra de amor...los celos y las peleas se viven como "pasión" y hasta justifican los malostratos porque fueron provocados por su comportamiento...

Yo creo que es importante cambiar la óptica del amor y la no agresión. Es importante que entendamos que el amor y la no violencia no son sólo cuestiones de mandatos morales, sino que el desarrollo moral se corresponde con la salud psicológica.
Es muy importante que promovamos sociedades saludables y que no respondamos a la violencia sólo con indignación moral. No podremos solucionar estos temas sin una buena comprensión de los fenómenos humanos.

Ana Cortiñas

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