FLEXIBILIDAD Y LOCUS DE CONTROL

 Locus de control en Psicología se refiere al lugar donde atribuimos que existe el control en aquello que nos pasa. El locus es interno, cuando creemos que lo que nos ocurre depende de nosotros. Es externo, cuando lo que nos pasa lo atribuimos a los demás o la suerte.
En general, una persona siente que tiene más control sobre la vida si cree que gran parte de lo que ocurre depende de las actitudes y comportamientos propios como por ejemplo, que nuestros logros dependen de nuestro esfuerzo. También puede sentirse mejor consigo mismo si reconoce que no todo lo que le pasa está bajo su control. Un importante elemento de salud psicológica es la capacidad de analizar las situaciones y poder ser flexibles en cuanto al control sobre las cosas: a veces las situaciones se generan gracias a nuestras capacidades, esfuerzos o, en el caso de situaciones adversas, por nuestros errores. Pero esto no es así siempre: en ocasiones, sufrimos por los errores de los demás o simplemente, la mala suerte, el azar, los accidentes...

A veces nos equivocamos al atribuir el control en lo interno o lo externo. Hay personas que se culpan inutilmente por cosas que no pueden controlar, bien porque hacemos una atribución errónea o la sociedad nos condiciona a creerlo así. Muchas mujeres creen que ser felices depende de que consigan pesar tanto, o de matarse en el gimnasio. O creen que las razones por las que no funciona una relación son solo de ellas mismas. La equivocación puede provenir de situar las causas exclusivamente en lo externo, como que se tiene mala suerte o nos han echado mal de ojo, o siempre ha habido algo o alguien que nos impide obtener lo que deseamos sin valorar nuestro papel en la historia de lo que nos sucede.

Las personas tienen rasgos de personalidad basados en la tendencia general a hacer sus atribuciones. Son flexibles y equilibrados si saben valorar las situaciones y los temas de la vida en función de probabilidades. Es más probable que apruebe si estudio y me esfuerzo. Es más probable que tenga buenas relaciones si aprendo a escuchar, tener empatía y habilidades de negociación.
Otras personas son rígidas-egocéntricas: todo lo bueno es por ellas mismas, todo lo malo es por culpa de los demás; son omnipotentes y lo pueden hacer todo. Ellos y ellas se esfuerzan y tienen capacidades, los demás se equivocan o no sirven, o no hacen su cometido. Otras son rígidas-depresivas: todo lo bueno lo tienen, lo hacen o lo saben hacer los demás y ellas mismas son inútiles o están indefensas frente a la vida.

La rigidez frente a las atribuciones también toma forma en la ideología metafísica:  yo pienso, imagino, siento, emito al universo y éste me lo devuelve. O bien, todo depende de la voluntad de Dios...

La flexibilidad en atribuir las causas de lo que nos sucede dependerá también de nuestro grado de tolerancia frente a la ambigüedad. La ambigüedad no es fácil de sostener, ya que requiere paciencia y tolerancia a la frustración. Y también un equilibrio entre la voluntad y la perseverancia y un dejar ir.

Evidentemente, la experiencia de la vida nos enseña muchas cosas. Este equilibirio entre lo interno o lo externo, y la voluntad y el dejar ir se va forjando con los resultados de nuestra vida. Pero, como siempre, la infancia temprana siembra las bases de nuestra rigidez y flexibilidad al incluir en nuestro psiquismo al otro y los límites entre yo y los otros. 
No se nace sabio, pero no todos pueden desarrollar las semillas de la sabiduría con las que todos nacemos. El ambiente juega su papel, como siempre.



Ana Cortiñas

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