DE FUEGOS Y RESILIENCIAS


En estos tiempo de crisis e incendios de nuestros bosques y nuestras primas de riesgos, es inevitable pensar en cómo podemos tejer nuestra resiliencia.
La resiliencia es la capacidad de crecer en la adversidad. Observad que digo crecer, y no adaptarse o superar...
El ejemplo de los pinares nos puede servir: las piñas explotan con el fuego y es así cómo los piñones, sus semillas, se propagan. Es cierto que los incendios que estamos teniendo han sido provocados negligentemente (a veces intencionalmente) por mano humana, pero el fuego forma parte de los veranos mediterráneos por su sequedad y tormentas eléctricas. Las especies de esta zona están adaptadas para que eso ocurra y se sirven del fuego para renovarse. En zonas australes, lo mismo ocurre con los eucaliptus...
En el terreno económico también nos están quemando. Nos recortan y podan sólo para que la leña arda mejor...o eso parece.
¿Cómo podemos hacer para que esto que ocurre nos sirva para crecer?
En la Nueva York del 11-S bajaron los suicidios. La cohesión social, las redes de solidaridad que surgieron tras la catástrofe rehicieron el tejido social y la gente se sintió más unida, más conectada.
En los abusos, malos tratos en la infancia, son los niños que han podido vincularse con una persona que les comprende y les ayuda los que salen adelante sin repetir en otra generación su historia. Una maestra, una vecina o ya más adelante, una pareja ayudaron a re-crearse tras la quema de su psique.
Una visión patriarcal y guerrera de los mecanismos de supervivencia nos ha hecho creer en la ley del más fuerte. Darwin nunca dijo eso exactamente, sino que habló del más apto. La sociedad de su tiempo tradujo eso como el más fuerte, y nos han llenado de documentales de Naturaleza en donde se ven los depredadores cazando, matando y comiéndose los unos a los otros en todo un espectáculo sadomasoquista.
Pero la Naturaleza, y también las sociedades humanas, están llenas de ejemplos de cooperación, simbiosis y ayuda mutua. Sólo nuestro cuerpo es un ejemplo de cooperación, orden y estructura jerárquica no dominante de sistemas que forman un sistema de organización creativa y de complejidad creciente.
Es la hora, ahora, en estos momentos de crisis, que la solidaridad y la creación de un sistema social más complejo y más humano es posible. Nuestro sistema de supervivencia depende del cuidado de unos a otros. Esto ha sido así siempre, incluso en las sociedades guerreras. No hay supervivencia posible sin una madre que geste, para, nutra y cuide a su bebé. Y si la madre biológica muere o no funciona, madres sustitutas aparecen.
En momentos de primas de riesgo y mercados psicópatas que sólo buscan la supervivencia de la oligarquía, nosotros, en las bases, nos podemos rebelar.
Ayudemos a nuestros vecinos, impidamos los deshaucios; intercambiemos bienes y servicios en tiempo o en monedas locales; aprendamos a cultivar nuestros tomates; tejamos nuestros vestidos y démonos palabras de aliento y apoyo que nos den fuerzas para recordar cuáles son nuestros derechos y nuestra dignidad intrínseca como seres humanos.

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