LA AMISTAD Y EL TIEMPO

Hay mucha literatura,  técnica y artística, sobre el tiempo que dura el enamoramiento( lo que se llama amor romántico) pero no se habla tanto de la amistad. Lo único que se suele decir es que la verdadera amistad se muestra en lo momentos difíciles.
Sin embargo, por mi experiencia vital, la amistad también sufre las mismas maneras y formas de iniciarse y continuarse que el amor de pareja. Hay amistades que empiezan lentas, con el roce cotidiano de las actividades que se realizan en común, y para cuando te das cuenta, esa persona ha empezado a formar parte del mundo afectivo de los vínculos que nos pueblan el interior, se ha convertido en un nudo en nuestra red de apoyo y afecto.
Otras amistades, en cambio, se inician con una conexión especial en un momento de la vida. Alguien que te entiende y la entiendes por una situación del ciclo vital: dos estudiantes suspendidos por el mismo profesor, dos enfermos de la misma extraña enfermedad, personas que han perdido un hijo... La conexión emocional es inmediata porque la experiencia humana es común, y de ahí se inicia una relación que prosigue con el tiempo.
Pero no todas las amistades -como las parejas-duran. El otro día  comentaba con una amiga que se necesitan varios años para conocer de verdad a una persona, y no todas las amistades resisten el tiempo. A veces, el entendimiento inicial se acaba porque las personas se unieron por un tema, pero no encajan en los otros. En otras ocasiones, uno de los dos, o los dos, no resisten los cambios que suceden en la vida, esos cambios que producen transformaciones en una persona, pero no en la otra, o que producen envidia a una de las dos porque una persona tiene una buena situación económica pero la otra no, una puede tener pareja e hijos y la otra no, y así un sinfín de situaciones.

En la amistad -como en el amor- funcionan los mismos factores que tejen un vínculo seguro entre una madre o padre con su bebé: la capacidad de reparar los errores de empatía y los desencuentros. Realmente, lo que hace que podamos llamar amor o amistad es la capacidad de estar presentes el uno para el otro a lo largo del tiempo y superar pequeñas decepciones y pequeñas rupturas. Lo que construye la amistad -y el amor-es la capacidad de conexión emocional y reparación de la pérdida ocasional de sintonía. Nos da seguridad  la expectativa de que puedan entendernos cuando no somos perfectos y de que podamos confiar en la generosidad de "hoy por ti, mañana por mí".
Aún así también es cierto que por mucho que hayas querido a un amigo, con algunos de ellos llega el tiempo de separarse. No podemos obligar (ni nos pueden obligar) a evolucionar del mismo modo. Las mismas cosas que hacen crecer a una persona, quiebran a la otra, o les provocan un cambio de valores tal que se pierde toda la posibilidad de sintonía. Esas pérdidas también provocan duelos, decepciones, desengaños y dolor emocional.
La idea de que la amistad y el amor deben durar toda la vida y deben ser incondicionales forma parte del imaginario social. Eso es lo verdaderamente Romántico: vínculos que superan frustraciones, distancia y tiempo, que se mantienen por los afectos y no por los contratos sociales o económicos.  Lo romántico -desde el S. XIX-  es un ideal que nos guía, aunque ¿es realista?
Quizá el ideal romántico no sea realista pero ¿debemos renunciar a luchar por conseguirlo?
Yo he llegado a la conclusión (no sé si estaréis de acuerdo) que si por romántico se entiende el enamoramiento, la ilusión y lo pasional como lo único valioso, entonces es un mito a superar. Pero si por romántico se entiende las relaciones que se guían por los valores de la lealtad, la honestidad y la coherencia, el romanticismo puede ser el código ético por la que deberían otra vez a orientarse las relaciones, aunque suene decimonónico. Deberíamos ser verdaderamente románticos y dejar de apostar por ese edulcorado sentimentalismo superficial que confundimos con amor.


Ana Cortiñas

Pinturas de Joseph Lorusso

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