SOBRE EL AMOR Y LA NATURALEZA HUMANA

Si se ama, se sufre. Si no se ama, se enferma
S.Freud


Hay un blog que se titula Contra el amor, en donde se defiende la agamia. Contra el amor y la agamia se refiere a una postura ideológica contra el amor romántico monogámico reproductivo, ya que se considera que es una imposición social que mutila otras formas de expresión del afecto y de las relaciones.
Si tenemos que consultar las estadísticas de las separaciones y valorar lo mucho que se sufre en las relaciones de pareja clásicas, con sus posesividades y desilusiones, deberíamos darles la razón. Desde luego que el amor está condicionado por las construcciones sociales. Reducir el amor a la relación romántica tal como se está dando en esta sociedad, es reducir las posibilidades del amor y de las relaciones.
Pero ¿es todo construcción social? Tras ese posicionamiento, existe una noción de la naturaleza humana en la que el amor no es un impulso innato, el sexo no es una forma de reproducción biológica propia de la especie humana, y la vida no pasa por ciclos. Desde mi punto de vista, si tenemos que deshacernos de los condicionamientos sociales mutiladores , debemos aclarar qué caracteriza la naturaleza humana.
Para mí el amor no es una construcción social como tampoco lo son las hormonas. No es una obligación moral, ni debería ser un mandamiento religioso.  El amor es un impulso innato, una necesidad biológica de nutrición afectiva, que nos mueve a buscar la conexión con el otro. En la inmadurez de la criatura, el amor es el apego, con su necesidad de contención y seguridad emocional. En la adultez, el amor es la atracción, la afinidad, la conexión, aunque no siempre queramos reproducirnos. El apego y la sexualidad se unen para elegir una pareja con la que -por lo menos en ese momento- queremos compartir la vida. En la madurez, es la conexión con la fuente del Ser y la vida. Por tanto, no entiendo el amor únicamente como amor romántico. En eso coincido con los constructivistas, aunque pienso que en algún momento de la vida se puede sentir la necesidad de reproducirse, con lo que siempre se formará alguna forma de relación en la que se cuide a las criaturas. El hecho es que parejas homosexuales y personas solas sienten el deseo de tener hijos. Y las criaturas siempre necesitarán para crecer y alimentarse del amor arquetípico de la madre. Tan imprescindible es ese amor, que de su existencia y funcionalidad dependerá nuestra capacidad de amar. En estas formulaciones constructivistas, se olvidan de que todos hemos nacido de un padre y una madre, somos la unión de dos gametos, y que la madre es imprescindible para que el feto nazca. La madre (o su función) será imprescindible para que la criatura crezca.

Siendo el amor un impulso innato ¿por qué puede adoptar distintas formas? ¿Por qué se sufre y se teme en una especie de intervalo entre la anorexia afectiva y la obesidad mórbida? Quizá porque amamos como comemos...

En nuestra naturaleza humana existe la capacidad de adaptación al ambiente. Somos adaptables y tenemos la necesidad de reinventarnos para sobrevivir. A veces, nos reinventamos en formas que nos ayudan a sobrevivir en determinados ambientes, pero no funcionan en otros. La anorexia es útil en los períodos de hambruna. Es una adaptación inteligente, ya que la anorexia prolongada imposibilita la reproducción ¿para qué traer hijos al mundo si no hay comida para darles? La obesidad nos permite tener reservas para sobrevivir a estos posibles periodos de hambruna. Pero ni una ni otra son útiles cuando la comida es asequible para todos.

El amor es nuestro segundo alimento. Sigue los mismos procesos que la nutrición. Tememos la intimidad si hemos crecido con problemas de  afecto, podemos huir de ella o nos aferramos en exceso como si hubiera que aprovechar ahora que hay, como si su suministro fuera inseguro. A veces creo que ciertos planteamientos filosóficos e ideológicos son racionalizaciones, intelectualizaciones de las disfunciones del amor. Sería como si alguien hiciera una filosofía en defensa de la anorexia o de la obesidad mórbida como lo único adecuado para todo el mundo.

Es posible que el amor romántico reproductivo monogámico no sea lo más saludable siempre y en todo momento. Quizá el descubrir el impulso a la conexión, esa capacidad innata y que nos define, sin que eso tenga que tomar ninguna forma en concreto, sea uno de los hitos en nuestro crecimiento y evolución. Ese descubrimiento nos permite sentirnos conectados con muchas más personas que nuestra pareja. Nos permite sentirnos conectados con nuestro núcleo del ser, independientemente de nuestros atributos personales. Y nos permite también sentirnos conectados a la vida, con esa fuerza que -según dijo Dante- mueve el sol y las estrellas.

Ana Cortiñas

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