LOCURA


Hacer locuras es sinónimo de libertad, de espontaneidad infantil. La locura es  aquella parte que actúa en nosotros cuando estamos libres de mandatos y condicionamientos. Ser loca o loco, cuando no implica la enajenación o la alienación que tiene el sufrimiento de la enfermedad mental, es liberador. No seguimos aquello que nos dictan, nos atrevemos a arriesgarnos y emprendemos nuevos caminos siguiendo nuestros deseos y sueños.
La locura puede ser, entonces, sana o insana. Será sana cuando aún a pesar de hacer lo que deseamos, no perdemos la conexión con la vida y con los otros. No obedecemos, pero no agredimos. Quizá marchamos solas o solos, pero no aislados del afecto. Nos rebelamos, pero no necesitamos ni el poder ni el dominio. No necesitamos tampoco del orgullo, porque la dignidad es nuestra base. No nos miramos en otros pero tampoco necesitamos huir de su mirada.
La vida es un ciclo que empieza en la espontaneidad infantil y que, con suerte, acaba en la locura del que la puede experimentar en libertad, sabiendo lo necesario para no estar con la desprotección que se tiene de niño.

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