SILENCIO Y TRAUMA

Esta fotografía me envió a la niñez de golpe, por el gesto de este hombre tan parecido al que tenía mi padre cuando se llevaba el cigarrillo en la boca, parado delante de su taller, en un momento de descanso de su trabajo.
Me acuerdo que observaba de pequeña el gesto, pensando qué cosas pasarían por la mente de un hombre hermético y que, sin embargo, yo sabía que había vivido tantas cosas aunque no las hablara. Mi madre se encargó de contármelas por encima, y eso permitía comprenderle, aunque tuviera que conjeturar qué estaría pensando.
Ahora, en la distancia y con la comprensión de la adultez, sé que mi padre tenía un silencio protector. Para alguien que ha pasado por la emigración, el hambre y la guerra, guardar silencio de los horrores y las penas, no lamentarse y seguir adelante, permitió que yo viviera sin contagiarme de lo horrible que a veces tiene la vida.
Me pregunto a veces ¿Cuántos de mi generación y de la anterior a la mía habremos vivido historias parecidas a la contada en la película "La Vida es Bella"? Quizá si contásemos estas historias no serían tan dramáticas ni literarias, pero serían igualmente bellas...


Esta reorganización de la familia en torno al silencio la he visto en otras familias que han pasado por el trauma del exilio o la emigración. Es una adaptación positiva -desde mi punto de vista- porque no hay re-traumatización, aunque no sea una adaptación perfecta, ni que sirva del todo a las nuevas generaciones. No hablar de algunas cosas, evitando el recuerdo, provoca que a veces no se aprenda a conectarse con los sentimientos y que no haya mucha comunicación emocional. Esto puede perjudicar las relaciones de las siguientes generaciones. Pero hablar de lo traumático cuando aún no se ha elaborado, re-traumatiza. Hay familias que sólo hablan de las pérdidas sufridas, no se para de llorar por ellas, y eso impide la libertad de la nueva generación, que se encuentra en conflicto de lealtad si prefiere la nueva vida a la anterior. Imaginaos lo que puede pasar en una familia emigrante no parar de llorar la pérdida de la patria. ¿tendrán las nuevas generaciones la posibilidad de adaptarse bien a la nueva ciudad, a la nueva vida?

Sin embargo, para que el trauma pueda superarse del todo hay que empezar a dar voz al silencio. Hay que empezar a contar la historia para que se adquiera la libertad de apartarse de ella. Acostumbrarse al silencio puede generar resignación, miedo a la expresión, falta de confianza en el cambio...

Otra pregunta que me hago es ¿cuál es el resultado de ser ciudadanos de un mundo siempre en guerra? Aún cuando muchos de nosotros no hayamos vivido una guerra, no hace tanto que hubo una guerra civil y una segunda guerra mundial. ¿Qué pasará con los niños palestinos, sirios, con los niños soldados de tantas confrontaciones cuando ellos sean padres y madres? ¿qué pasará con los hijos de las contiendas internas de países con guerrillas y violencia por diversos tráficos de droga, armas, etc? Ciudadanos con miedo, callados, resignados o violentos, pasando el trauma de una generación a otra...

¿Somos conscientes de lo que esto significa para el mundo?

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