¿PUEDEN LOS BEBÉS ESCAPAR DE LA REALIDAD ADVERSA?

Muchos han podido añorar la infancia como esos tiempos felices en que no existían preocupaciones, y todo se podía volcar en la maravilla de ir descubriendo la realidad. La infancia, sobre todo la temprana, es ese momento también donde el tiempo parece no existir simplemente porque no se percibe, y el mundo es un eterno aquí y ahora donde está todo lo que importa. Algunos también pueden decir "no me enteré porque era pequeño" de adversidades por las que pasó su familia.

¿Pueden los bebés escapar de la realidad adversa?
Aunque los niños -y aún menos los bebés- no tengan percepción del tiempo como tenemos de adultos, y no tengan la capacidad emocional y cognitiva para darse cuenta de las cosas que pasan, sí que tienen una estructura cerebral innata que estructura las cosas que suceden en representaciones mentales no verbales de lo que "va a ocurrir". Estas estructuras de esperar que suceda una cosa después de la otra, es lo que permite por ejemplo, que el juego de "¿dónde está...."? escondiendo un objeto que luego sale de golpe provoque tanta diversión en los bebés. O es lo que permite que un bebé se vaya regulando emocionalmente porque aprende a esperar que si siente malestar, éste va a ser resuelto por su figura de apego.
Los bebés puede que no sean conscientes de las vicisitudes por las que pasa la familia, pero eso no quiere decir que no las vivan... Los bebés transitan por esas realidades pasadas por el tamiz de sus padres a los que les afectan. Una madre preocupada o triste, un padre irritable, tendrán que hacer muchos esfuerzos para que eso no se les note a la hora de estar con sus bebés. Sí que es cierto que algunas madres y padres pueden sobreponerse a sus preocupaciones, pero imaginad una familia de la crisis, todos en el paro o a punto de ser desahuciados, sin ningún apoyo social...

La realidad de nuestra vida se traduce en las pequeñas interacciones que hacemos con los demás, microinteracciones que son el alimento cognitivo y emocional de los niños. No existen para ellos grandes palabras como amor, pobreza, bienestar, pero sí existen la disposición a jugar con ellos, la sonrisa cuando se les cambia el pañal, o la madre inexpresiva en una depresión o en una preocupación muy grande. Los grandes eventos se traducen en momentos-presente, en los que el humor, el estado de ánimo y la disposición emocional para el bebé pueden cambiar mucho según el momento que pase la familia (sea cual sea la forma que tenga dicha familia). Sólo madres muy resilientes son capaces de proteger al bebé de lo que sucede a su alrededor, a veces gracias a que su ilusión por la criatura hace que se olviden de todo lo demás. Pero esto no siempre es fácil...

No hay que olvidar, no obstante, que la resiliencia se teje en sociedad, con la solidaridad de los demás. Si por lo que sea que pasemos, notamos que a veces no estamos con el ánimo adecuado para estar con nuestro bebé, no nos olvidemos de pedir ayuda a nuestra familia, amigos, o profesionales si esto fuera necesario...

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