COMPRENDER NO SIGNIFICA EXONERAR


Nadie bien amado se convierte en una persona perversa, salvo que más tarde de recibir ese amor, haya sufrido un enorme trauma causado por otro humano.
Es tan fuerte la energía de la vida que puede ser de un signo u otro según las circunstancias. Vida o muerte, bien o mal no se distinguen en el ciclo generador. El impulso vital es creativo, pero no necesariamente amoroso.  Si la creatividad se nutre de respeto y cuidado amoroso, es una fuerza en el amor. Si se nutre del dolor y el rechazo se convierte en perversión.
¿Debemos entonces perdonar a los perversos? La agresividad es un fallo de la empatía –decía Bowlby- y todos sabemos que desarrollamos la empatía cuando nos crían con empatía…
El desarrollo moral cumple una serie de estadios que dependen de las experiencias de crianza y de la maduración biológica. En los estudios longitudinales se puede ver que ya los prescolares tienen un comportamiento moral y protoempático, pero sólo si tienen un apego seguro con un adulto empático, normalmente la madre. No todos los niños lo presentan…hay prescolares que ya pegan y que al pasar a escolares abusan, y pueden también presentar comportamientos crueles.
El herido se detiene en su desarrollo moral. Su egocentrismo y falta de empatía proviene de que sólo pueden tomar una identidad como víctima o como victimario, su polo opuesto. Aprenden esa dicotomía identitaria entre la que oscilan.
Por otra parte, la sociedad ha montado una estructura sobre el comportamiento moral y la ética. A veces, esa estructura se ha convertido en un superyó perverso, que neurotiza y castra, y también en un modo de control social. Sin embargo, al marcar unos comportamientos como buenos y malos, guía a las personas que no han acabado de desarrollar sanamente su ética. No defiendo la moral social ni la religión, ni mucho menos la forma de controlar a través de la noción de pecado, pero está claro que aunque esté en contra de los Diez Mandamientos, no me parece bien que la gente mate, o robe, o que ejerza la envidia destruyendo a la persona que envidia. Hay personas moralmente infantiles, que obedecen. Pero esa obediencia contiene el daño de unos sobre los otros. No robar para no ir a la cárcel no pertenece al mismo estadio evolutivo que el no robar porque a nadie le gusta que le quiten lo suyo y sería injusto hacerlo; pero impide el robo igual.
Así que, aunque el perverso no tiene salud psicológica, sí que sabe que ciertas cosas no se hacen porque implican un daño sobre los demás. La persona que hiere al otro queriendo, el que agrede por envidia y siembra la cizaña, sabe las consecuencias de lo que hace…si no, ¡no lo haría! En ese sentido, son perfectamente responsables de sus actos y se merecen las consecuencias negativas de que los demás se defiendan de la agresión.
Pienso que comprender las motivaciones de los perversos y los que agreden y abusan es sano para la víctima, en cuanto explica lo sucedido, le da sentido y, sobre todo, permite prevenir que se vuelva a repetir. Pero la comprensión no es exoneración… que cada palo aguante su vela y que sobre el malvado, el que daña, recaiga el peso de su comportamiento indigno

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