ORGULLO Y DIGNIDAD


Trabajando con chicos violentos me he dado cuenta de cuántas veces la agresividad se utiliza para preservar la autoestima.
La agresividad sirve para preservar las fronteras y defenderse. Las fronteras pueden ser físicas, como en una guerra, pero también se necesita defender el territorio psicológico. Cuando la psique es débil, ésta se torna más rígida. El orgullo es una de las formas en las que se ve la rigidez de nuestra psique. La persona orgullosa, arrogante, muestra en el fondo su fragilidad.

Cuando alguna persona nos hiere en nuestra autoestima, como cuando un compañero nos rechaza, un@ amig@ nos traiciona, el orgullo sale en nuestro rescate para despreciar al otro que nos rechaza, o para no perdonar si nos lo piden. El orgullo nos mantiene en una posición de superioridad frente al que nos ha herido. Alguien nos dice que no valemos, y el orgullo nos dice "yo puedo". Así que por orgullo a veces puedo llegar a ser agresiv@, porque nadie tiene que hacerme sentir inferior. ¿Cuántos hombres no habrán pegado a sus mujeres, o incluso matado, porque ninguna mujer les tiene que hacer sentir menos hombres? ¿Cuántas veces no podemos perdonar porque creemos que el perdón significa aceptar la mirada del otro que nos devalúa?

El orgullo remite a un esquema de superioridad-inferioridad. Es una autoestima frágil porque el equilibrio depende mucho del otr@; o más bien, de lo que nosotr@s creemos que el otro siente respecto a nosotr@s. Si alguien nos desprecia o nos quiere humillar, basta con su intención para hacer trastabillar nuestra autoestima y es necesaria nuestra reacción para dejar bien claro que no nos humillarán.

Cuando las relaciones sociales están basadas en la dominancia-sumisión puede que el orgullo tenga su sentido y su función, aunque no creo que en definitiva sea un mecanismo útil a largo plazo, porque lo que se hace es mantener incuestionable el esquema de dominancia-sumisión que provoca la herida.

Otra cosa es la dignidad, porque la dignidad se basa en el ser, no en el hacer. La dignidad es intrínseca al ser humano. Puede que se realicen actos indignos, pero en cuanto un@ reconoce el sufrimiento provocado en el otro, la dignidad se recupera en el sentir.
Una autoestima basada en la dignidad no depende de la mirada del otro. Otra persona nos puede querer humillar, pero nosotr@s no nos sentirmos humillados. Alguien nos puede insultar o querer vejar, pero quién se comporta indignamente es quién lo hace, no nosotr@s. Tú me ofendes, pero yo sólo capto la ofensa para saber que tú no eres una persona nutritiva y que es mejor que no estés a mi lado, pero mi ser no es cuestionado.

La dignidad nos permite equivocarnos. El orgullo, no. La dignidad nos deja reconocer los errores frente al otro; el orgullo, no. La dignidad reconoce la igualdad en el ser; el orgullo, no. La dignidad nos reconecta a la vida; el orgullo nos aisla.

El orgullo puede ser el recurso del débil, la fuerza ligada a la rabia, que como primer paso nos puede ayudar. Desde luego que es mejor, en ocasiones, sacar el orgullo que someterse. Pero si reconocemos nuestra dignidad intrínseca, muchas de las heridas dejarán de producirse. 
La dignidad es preventiva del dolor. El orgullo aparece para reparar la herida de la inferioridad.

Es necesario recordar que la dignidad es un derecho inalienable del ser humano. Cuando conectamos con nuestra dignidad, conectamos con nuestra fuente interna de cariño.

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