AUTOIMAGEN


Uno de los cambios más profundos y difíciles que se tienen que hacer en una transformación personal es el de la autoimagen.
La autoimagen es un conjunto de creencias profundas sobre nosotr@s mism@s, muchas veces no verbales, que están asociadas a memorias emocionales de cómo nos sentimos con los otros. En otras entradas ya hemos hablado de que la identidad es siempre "yo con otro"; es siempre un conjunto de representaciones mentales y emocionales sobre cómo nos sentimos en el mundo. 
El hecho de que se fueran formando a partir de sensaciones, emociones y sentimientos es lo que lo hace tan resistente al cambio sólo por lo cognitivo, por los pensamientos. Nosotr@s podemos saber que no somos inferiores, ni indignos, pero como que la memoria emocional se dispara automáticamente y rápidamente en cuanto un estímulo se asocia a un recuerdo, el sentimiento ante la situación es sentido antes de que nuestros mensajes de "tú puedes" "tú eres dign@" se pongan en funcionamiento para ayudarnos a enfrentarnos de un modo diferente a las personas y situaciones.

Muchas veces hemos aprendido a actuar de otra manera, y de hecho estamos en el mundo de otra manera pero, aún así, nuestras creencias matriz-emocionales nos hacen sentir de otra. ¿Cuántas personas no son para los demás mucho mejores de lo que somos para ell@s mism@s? Nuestr@s amig@s pueden vernos como fuertes, simpáticos, inteligentes, amables, sensibles...y sin embargo nosotr@s nos juzgamos con crueldad.

Una transformación profunda es necesaria, que es la de la mirada propia. Paradójicamente, a veces es la más difícil... Cambiar la autoimagen puede sentirse como una pérdida de identidad, como enfrentarnos al mundo desconocido sin mapa- ni por supuesto GPS- incluso cuando tenemos que cambiar nuestra imagen de una desfavorable a otra favorable. Genera ansiedad y angustia porque cualquier cambio supone una pérdida y nos enfrenta a lo desconocido. Puede que nuestra anterior imagen no fuera exacta, pero teníamos un plano desde el que nos guiábamos. Puede que no llegáramos a ninguna parte, o que siempre todos los caminos condujeran a Roma, cuando queríamos ir a París, pero nos daba la ilusión de tener guía; no estar perdid@s.   

En un principio, quizá, debamos hacer ejercicios mentales de recordarnos en situaciones donde nos sentimos de forma diferente. Recordarnos lo diferentes que podemos ser con personas que hemos conocido ahora, con las que conocíamos antes. Es muy importante para estos ejercicios la conciencia corporal. Ser conscientes de nuestra postura, respiración, tensión etc, que es tan diferente en una situación o en otra.

La imaginación también puede ser efectiva. Desde esta nueva postura, sensación y sentimiento, nos podemos imaginar con quién nos hizo sentir mal o, mejor dicho, con el que nos sentimos mal. Es por eso que las visualizaciones, meditaciones guiadas o técnicas hipnóticas resultan útiles.

Y quizá, quizá, lo mejor es ser capaces de conectar con nuestra dignidad intrínseca, con la fuente interna de cariño. Esa parte de nosotr@s mism@s que nos cuida y nos alienta para sentirnos conectados con el mundo y en paz.




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