SOBRE LOS DESPRECIABLES

Por muy optimista, amorosa y compasiva que quiera ser, debo reconocer que a veces algunas personas me provocan asco y desprecio. No me gusta verme así. Quisiera aparecer siempre como una persona bondadosa que ve el alma en el otro. Quisiera estar siempre llena de amor.
¿Cómo puedo creer en el amor y necesitar despreciar al mismo tiempo? Lo bello, sublime y perverso coexisten en el ser humano. En mí y en otros, sólo que no coexisten en la misma proporción en todos igual, ni para siempre.
Y a pesar de que realmente creo que hay gente despreciable, creo también en la reparación, incluso en la redención. Así como hay personas a las que desprecio, otras personas despreciables me han hecho vislumbrar la dignidad propia del ser humano. En todos.
Para resolver este aparente contradicción entre creer en la dignidad y en el desprecio al mismo tiempo, separo al ser de su comportamiento.
Cuando alguien reconoce la iniquidad de algunas de sus conductas, se dignifica. Supongo que esa era la base del perdón y la confesión católica, tan inútil en cuanto ritual vacío de contenido. Sin embargo, eliminando la moral religiosa y la teología del pecado, reconocer, reparar y pedir perdón está en la base del proceso psicológico de la dignidad y la concordia.

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