DE FEMINISMOS, MISANDRIA Y OTRAS CONFUSIONES

Pintada de Palma de Mallorca. Fotografía de Mª del Mar Prohens
Hace poco unas mujeres de mi entorno con un par de días de diferencia me dijeron lo mismo: ellas no eran feministas porque les gustaban los hombres, y se consideraban humanistas-sistémicas, o sea, que no estamos solas en el mundo. Dado que son mujeres cultas, la sorpresa fue mayúscula. No porque no fueran feministas (que cada cual se defina como quiera), sino por sus argumentos para no serlo.
Inmediatamente me recordó lo que las familias de antes (y no tan de antes por lo que me han contado algunas pacientes) les decían a sus hijas que mostraban su deseo de no obedecer a las normas sociales, o que tenían un poco más de carácter de lo socialmente admitido para una mujer: "con este carácter, no te casarás" (o sus otras variantes como "nadie te aguantará" o incluso "nadie te querrá"). Con este tipo de exhortaciones-augurios se pretendía que las mujeres fueran más obedientes y no mostraran asertividad.
Pensaba que a estas alturas de la película, estas cosas no tendrían que explicarse. Pero parece que no es así y que aún hay que distinguir entre feminismo y misandria (odio a los hombres como la misoginia es odio a las mujeres), y explicar que el feminismo, por cuanto pretende eliminar la desigualdad social en razón de género entre hombres y mujeres, es un humanismo.

Sin embargo, ni años de estudios en carreras universitarias de las consideradas Ciencias Sociales han podido deshacer el prejuicio de género de que el destino de la mujer es encontrar pareja, y que para ello se debe tener una dosis de sometimiento. Por otro lado, el neomachismo ha empezado a bombardear la opinión pública con conceptos como el "feminazismo", una especie de lobby de mujeres cuya intención es perjudicar a los hombres y acabar con ellos. Javier Pérez-Reverte es uno de los creadores de opinión al respecto, escribiendo artículos sobre la perversión ideológica de las "feminazis".

Cuando oigo estas confusiones entro en un estado de confusión entre indignación y espanto. ¿Por qué se niega la evidencia de la desigualdad social y todas las cifras de pobreza y violencia de las mujeres en comparación a los hombres? ¿por qué no se quieren ver los condicionamientos sociales que nos amputan simbólica y literalmente? Negar la evidencia provoca el mismo estado mental que se provoca a una víctima cuando se la culpabiliza. Denunciar la situación de las mujeres en el mundo no implica ir contra los hombres, sino contra el sistema social que permite que pasen estas cosas. Por ser el sistema ideológico-cultural gran parte inconsciente, la trasmisión pasa de una generación a otra, tanto en hombres como en mujeres. Los hombres de hoy no son los responsables de la situación, salvo cuando abiertamente lo defienden y lo ejercen, tanto como son responsables también las mujeres que abiertamente lo defienden y lo ejercen. O lo ejercen hombres y mujeres de forma incosnciente, como gran parte de la trasmisión cultural y familiar que pasa de una generación a otra.

Tanto el Humanismo como la Teoría de Sistemas aplicada a las Ciencias Sociales, si de verdad son humanismo y ciencia sistémica tendrán que dar cuenta de la desigualdad social y los patrones de dominancia-sumisión que se dan en la sociedad. Así, yo creo que hay hombres humanistas y sistémicos que son más sensibles y feministas que muchas mujeres, que han interiorizado una violencia que ejercen sobre ellas mismas.
Basta ya de confusiones. El feminismo no es misandria, ni pretende una sociedad exclusiva de mujeres. No queremos abortar a los fetos niños tal como sí que se está haciendo con los fetos niñas en India y China. No queremos amputar el glande del pene a los hombres, ni casarlos de niños, ni que tengan los salarios inferiores al de las mujeres. Simplemente queremos ser consideradas seres humanos al mismo nivel que los hombres. ¿Quién puede negar la Historia?

Por otro lado, es innegable que el miedo de las mujeres a quedarse solas si son asertivas no ha sido superado. Si me muestro en toda mi capacidad y exijo mis derechos existe el peligro de ser rechazada. No obstante, yo me pregunto si vale la pena tener pareja a costa de castrar nuestro más íntimo ser. ¿Qué clase de pareja sería esa?

Creo que aún hoy en día necesitamos definir muchas cosas

Ana Cortiñas


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