SALUD, PAREJA Y FELICIDAD

Últimamente estoy leyendo escritos y entrevistas de bastantes filósofos que hablan y escriben sobre el  amor; sobre las diversas ideas que tienen de lo que es y  no es el amor. El tema se ha puesto de moda por el gran número de divorcios que está tirando por tierra el mito del amor romántico, con su anhelo de eternidad  e incondicionalidad, y que sin embargo, es frustrante por perecedero. La caducidad se establece entre uno y tres años.
Mi experiencia personal y profesional me empuja a mí misma a filosofar sobre el tema, no tanto porque me duela lo efímero, sino porque gran parte del sufrimiento psicológico humano -en última instancia- proviene de haber sido malqueridos o no saber querer.

Por lo que he ido leyendo, la idea de amor de los pensadores (casi todos hombres) depende sobre lo que consideran propio de la naturaleza humana, y lo que interpretan de ciertos datos estadísticos de las ciencias médicas y sociales. Los constructivistas no suelen considerar la base biológica que nos impulsa a amar, y otros no tienen en cuenta la variable género a la hora de argumentar sus conclusiones. Por ejemplo, una de las opiniones más populares es que la gente necesita amor (igualando amor al amor de pareja) y que las personas emparejadas son más felices y gozan de más salud. Precisamente en estos días me ha llegado la entrada de un blog que comenta un estudio que se presenta en la revista Journal of Marriage and Family, en el que se valora cómo influye la felicidad de cada uno en el bienestar de la pareja. Motivada por este artículo he estado informándome sobre otras investigaciones que estudian las correlaciones entre salud, pareja y género. Las conclusiones que he encontrado han sido las siguientes:

-Los hombres presentan mejor salud cuando están emparejados que cuando están solos. La soledad aumenta en ellos la probabilidad de infartos y aumenta la mortalidad y la posibilidad de sufrir depresiones, pero no ocurre lo mismo en las mujeres, que presentan peor salud en pareja que solas. Cuando se intenta explicar estas diferencias se ve que las mujeres sufren más el estrés psicosocial generado en la familia y la pareja. Sufrimos más por el malestar de las relaciones. Ese malestar se traduce en una serie de síndromes y síntomas asociados al estrés (síndromes metabólicos, disminución de las defensas, estrés crónico, insomnio y síndrome del corazón roto...)
-Las mujeres disminuyen su salud y aumentan su malestar si el marido está enfermo. No ocurre así si es al revés: los maridos no empeoran su salud ni su malestar porque la mujer esté enferma. Cuando se ha intentado valorar las razones de las diferencias parece que esto se debe a que si el marido está enferma su mujer le cuida, mientras que si es la mujer la que enferma, la responsabilidad del cuidado recae en ¡la hija!
-La OMS ha elaborado un informe sobre la violencia infligida  a las mujeres por su pareja, y es tal el volumen del problema y de las consecuencias en la salud física y mental de las mujeres que la sufren, que reclama que sea considerado un problema de salud pública mundial

Al margen de las evidentes consecuencias de la violencia doméstica y de género, en los casos de las parejas en las que no se da dicha violencia, no sé exactamente la razón de esta disparidad entre géneros. No sé si esta sensibilidad somática al estrés relacional de las mujeres se debe a nuestras diferencias genéticas y biológicas,  si es el resultado cultural de darnos el peso del cuidado de la relaciones, o si es algo entre los dos grupos de factores, pero la desigualdad señala una serie de temas a la hora de valorar el amor y la pareja. Lo que es evidente es que durante siglos nos han delegado el cuidado de las relaciones maritales y familiares, y eso nos genera más estrés que a los hombres. También la autoestima de las mujeres ha pivotado alrededor de ser "elegidas" por un hombre. Muchas mujeres con temperamento escucharon de sus familias "con este genio nadie se querrá casar contigo" ( y de eso no hace tanto), y se nos ha educado para complacer el deseo del hombre aún a costa del sacrificio de sus necesidades.

Yo comparto la opinión de Erich Fromm de que el amor es una capacidad que no depende del objeto. Una persona emparejada puede ser mucho menos amorosa que una que vive sola. Muchas parejas en realidad no saben nada sobre el amor, ya que son relaciones basadas en patrones emocionales de dependencia y de dominancia-sumisión. Pero mientras exista el desequilibrio milenario en cuanto a la responsabilidad de la relación entre hombres y mujeres (francamente creo que los patrones patriarcales también influyen en las relaciones homosexuales aunque no he encontrado estudios sobre parejas gay y lesbianas), no podremos valorar si vivir en pareja es más saludable para los humanos que vivir amando desparejado. Hasta el momento sólo podemos concluir que vivir en pareja es más saludable para los hombres.

Ana Cortiñas

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