¿HASTA CUÁNDO Y HASTA CUÁNTO SUFRIMIENTO SE PUEDE AGUANTAR?

Detalle del descenso de la cruz de Roger van der Weyden
Me introduje en el estudio de la resiliencia (la capacidad de superar adversidades y traumas reorganizándose en una personalidad más compleja y completa) leyendo el libro de Viktor Frankl "El hombre en busca de sentido". Es un relato espeluznante sobre su experiencia en Auschwitz y las estrategias para poder soportar la experiencia. Una de ellas fue observar los que lograban sobrevivir al infierno de la tortura ejercida por otros humanos que los cosificaron. Hacía de científico observador, lo que le separaba emocionalmente de la experiencia y le permitía un respiro de la angustia,  y le dio un sentido de misión.
Posteriormente, asistí a un congreso donde tuve la suerte de conocer a Cyrulnik, otro superviviente dedicado a contagiar su propia resiliencia. Una de las ponentes, Sagrario Yárnoz (profesora de la UPV) hizo una pregunta que me hizo pensar...¿Cuántos de estos resilientes que sobrevivieron hubieran soportado medio año más de campo de tortura?

Hay formas de entender la resiliencia que pueden ser muy dañinas. Una de ellas es creer que se trata sólo de una cualidad del individuo. Sin embargo, tanto Frankl como Cyrulnik ponen la clave en LA SOLIDARIDAD y las redes de afecto que se tejen en ella

Otra forma de malentenderla es pensar que la resiliencia es una cualidad de hoy para siempre. La resiliencia se teje en el día a día, y una persona puede encontrar una forma de rehacerse frente a un trauma, pero más adelante sufrir una nueva adversidad y no poderlo soportar. Frankl contaba también que había gente que había soportado el campo de concentración pensando en el amor de su familia, para luego salir del cautiverio y darse cuenta de que su familia también había muerto, o se encontraba que habían rehecho la vida con otras parejas.

¿Hasta cuándo y hasta cuánto sufrimiento se puede aguantar?
Psyche, de Poynter

Frankl plantea que se puede soportar el sufrimiento si hacerlo tiene un sentido. Alguien puede perder un hijo, pero soportar el dolor porque tiene otros hijos a los que atender. Quizá haya personas que tienen una base sólida amorosa que les permite proseguir en el dolor hasta que encuentran algo que les da sentido. El amor les ha impregnado de un sentido de esperanza. Primo Levi luchó toda su vida para perseguir a los nazis y enjuiciarlos. Pudo resistir hasta que el horror del Holocausto se olvidó y diluyó en el tiempo para el resto de la sociedad, y entonces se suicidó. Sin embargo otros, con un fuerte compromiso consigo mismos pudieron ir encontrando amor y sustento más allá del Holocausto y pudieron dejarlo atrás. Alguien pensará que estos otros perdonaron y que Primo Levi no supo perdonar. Pero yo no creo que sea esta la razón.  Conozco personas que no han perdonado, pero tienen una misión en la vida y eso les permite seguir adelante, quizá porque su misión es más general y no tan concreta: se lucha contra la tortura, no contra la tortura de un deteminado momento. A lo mejor sus torturadores no han tenido castigo, pero se ha impedido que se siga torturando en otro país. Es posible que se pueda perdonar porque en la vida algunos encuentran más amor y pueden rehacerse, o porque algo amoroso se puede rescatar. El perdón es el resultado de encontrar el amor en uno mismo, y ese proceso no siempre se puede hacer porque la fuente del amor fue enterrada en el inicio de la vida. Yo creo que el perdón es necesario para poderse librar del odio a personas a las que también quieres, como una madre que maltrata pero también cuida. Quizá no sea tan necesario cuando no hay nada que agradecer ¿Por qué tengo que perdonar a un violador? Sin embargo, perdonar a mi madre me permite encontrar lo amoroso que quizá también me dio...
Son múltiples los factores que hacen que una persona pueda aguantar o no. A veces forman parte de su estructura de personalidad, otra de los factores ambientales y otros se deben al azar... Emil Cioran, un escritor y filósofo rumano, decía que podía seguir viviendo porque siempre pensaba que tenía el suicidio como una elección. No sabemos hasta qué grado de sufrimiento podemos aguantar. En realidad no sabemos lo fuertes que somos hasta que nos vemos enfrentados a la necesidad de serlo.

Si queremos que las personas no se suiciden, deberemos plantearnos que el resto de la sociedad puede ser la resiliencia de los demás en caso de adversidad o traumas por maltratos, abusos, etc, así como de la nuestra. Vivimos en una sociedad muy individualizada y debemos convencernos de que la solidaridad no es sólo un valor que uno elige tener, sino que es un requisito de salud.
Y si somos solidarios ¿qué podemos hacer para ejercerla? No importa pensar en grandes gestos, sino en los pequeños hechos cotidianos con los que tejemos la red de la resiliencia propia y ajena.

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