PEREZA Y DISCIPLINA


Uno de los motivos que consultan los padres de adolescentes, o los adultos con un coacher, es el tema de la pereza y la falta de disciplina ante una tarea que requiere esfuerzo.
Parece que hay gente que tiene la fortuna de tener una gran disciplina, mientras que otros son perezosos, viciosos y con falta de carácter. No tienen voluntad y son débiles. La pregunta podría ser si eso es un rasgo con el que nacemos o si es algo que adquirimos. Una vez más, esa dicotomía entre herencia o ambiente, no nos hace más que daño, porque -como siempre- el comportamiento humano es siempre una mezcla, una interacción. Es evidente que nacemos con temperamentos diferentes. Hay bebés que ya son más activos o más dormilones y tranquilos ya en el principio de la vida. Pero de lo que se haga con ese temperamento dependerá el resultado final.
En realidad, cuando nos enfrentamos a tareas que no nos gustan, o que no nos gustan del todo, lo que se pone en juego es la motivación y el diálogo interno que tenemos, que nos ayuda a realizar aquello que requiere un esfuerzo y una disciplina. No es lo mismo enfrentarse al estudio ,por ejemplo, cuando tenemos la motivación interna de aprender, o la motivación de sacarse un título para trabajar en aquello que nos gustaría.
La motivación por un objetivo a largo plazo implica la tolerancia a la frustración. Somos capaces de sacrificar una larga siesta, ver nuestra serie favorita o irse con los amigos a la playa, por algo que tenemos que hacer, que sólo cobrará sentido a medio o largo plazo. A cualquier persona le gustaría más hacer algo que reporte placer inmediato, pero hay una serie de diálogos internos, a veces automatizados, que nos animan y nos recuerdan lo que conseguiremos si hacemos "lo que se debe".
Lo que es importante tener en cuenta, es que no nacemos con tolerancia a la frustración. Un bebé llora desconsoladamente si tiene hambre o se siente mal. No es hasta más tarde, cuando sus necesidades primarias han sido satisfechas casi de inmediato en los primeros meses, y la madre le ha dotado con la experiencia de satisfacción y  posteriormente del lenguaje, cuando la criatura aprende a esperar. Por tanto, es la experiencia de situaciones de satisfacción de las necesidades y deseos, y la dotación de un lenguaje interno (que antes ha sido externo) lo que permite la tolerancia a la frustración. Es importantísimo ese lenguaje descriptivo de lo que hace el bebé, para que después el niño o niña tengan un lenguaje interno que les dirija la atención y la espera.
Si por lo que sea de niños no adquirimos esta facultad, la tarea del coacher es proporcionar ese diálogo interno que nos permite poner voluntad a lo que no nos gusta, y con experiencias de vencer la pereza, convertiremos algunas de las cosas que son un esfuerzo, en un hábito.
Eso también nos lleva al tema de la educación por motivaciones internas o por premios y castigos. La educación en recompensas o en castigos, aunque a veces sea necesaria, nos lleva a hacer las cosas por las motivaciones externas. En cierto modo, todos hacemos cosas por motivadores externos. Me pregunto cuántos de nosotros aceptaríamos trabajar con un horario definido, por muy vocacional que sea nuestra profesión, si no cobrásemos el sueldo. Si pudiéramos vivir de otro modo, seguro que haríamos de alguna forma nuestra vocación, pero en otras condiciones de tiempo y lugar.
Pero es mucho mejor tener la motivación interna de la vocación y de la responsabilidad. Para que los niños se eduquen en ello, se tendría que tener en cuenta que los niños y niñas aprenden "para alguien". En el inicio de la vida, la dependencia de nuestra figura de apego, de nuestros vínculos primarios son muy fuertes. La alegría de la madre cuando un infante adquiere una nueva autonomía se interioriza recordando esa alegría cada vez que se consigue algo. El hecho de educar en pensar en las consecuencias de las acciones y de las consecuencias sobre los demás, provoca la responsabilidad. No es tan importante reñir cuando se hacen las cosas mal, como demostrar satisfacción y alegria cuando se realizan exitosamente; o se pregunte sobre las consecuencias en el futuro y en los demás cuando es una acción que deba corregirse.
Si tenemos pereza y una tendencia a postergar cosas que debemos o que decimos que nos gustaría hacer, es importantísimo, entonces, atender a lo que nos decimos interiormente. Gran parte de nuestro éxito en conseguir los objetivos será cambiar ese diálogo interno que nos anime y felicite cada vez que nos acerquemos a nuestros deseos.

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