SER MUJER

Nacemos sexuados. Si fuéramos amebas no habría distinción sexual en el nacimiento, ni distinción de género.
La identidad está ligada a los genitales con los que nacemos, e inmediatamente después, ciertas expectativas sobre lo que la cultura dice que debes y no debes ser y hacer con tus genitales es una de las tramas más profundas que conforman la identidad de una persona.
En Psicología y sexualidad humana se distingue entre identidad sexual y de género. La primera estaría ligada a los genitales con los que nacemos y la segunda a todo lo que te hace sentir que eres por haber nacido hombre o mujer en una determinada cultura. Es decir, que hay una parte que viene determinada biológicamente y otra depende de las enseñanzas de una determinada sociedad; pero incluso la primera puede ser cambiada hoy en día con los adelantos técnicos de la medicina occidental.
Para los que hemos nacido en sociedades en las que hay establecida una lucha por la igualdad de géneros parecería que decidir dar una educación en igualdad puede ser una decisión consciente y fácil de llevar a cabo por parte de los padres; no obstante, son interacciones muy sutiles entre los padres y educadores y los niños y las niñas las que nos dan una identidad de género que se instala en la memoria preverbal y presimbólica, la que es muy difícil acceder por el pensamiento y la palabra.
Ser mujer hoy en día en una democracia occidental puede dar garantía de la igualdad ante la ley en Derechos Humanos, sociales y económicos. Pero todos sabemos que no es verdad...
Muchas mujeres nos sentimos feministas, pero a la hora de relacionarnos procedemos a funcionar según unas pautas aprendidas en la profundidad de la memoria no verbal.
Donde esto se ve con más detalle es en la relación que tenemos las mujeres con nuestro cuerpo y nuestra sexualidad. Podemos ser muy igualitarias en nuestros objetivos, pero seguimos considerando la menstruación como una maldición y la grasa almacenada en las caderas como algo horrible de lo que nos debemos desprender con todo tipo de dietas y técnicas de medicina estética. Nos escondemos los días de regla, tapamos las compresas y tampones con envases de colorines, no hay nada peor que manchar de sangre un pantalón...el síndrome premenstrual es una excusa de baja productividad como si la capacidad de ser madre no fuera necesario para la sociedad y la especie humana. Y la celulitis...no hay nada mejor que hacerte creer que una característica del cuerpo de mujer es una enfermedad.
Debemos ser sexualmente asexuadas...el gran mensaje paradójico que nos hace mirarnos como hembras en celo o, lo mismo, putas, si mostramos con orgullo ciertas partes del cuerpo; pero somos "machorras" si no lo enseñamos. Es curioso ver las modas del maquillaje donde debes gastarte una fortuna para tener un acabado "natural" en el que te pintas los labios para que no se vean. Ir con los labios rojos ya se sabe...es cosa de putas. Debemos mostrarnos bellas, pero nuestras caderas y muslos deben ser musculosos como los de los hombres.
Al renegar de nuestro cuerpo, renegamos de la sabiduría natural que nos une a los ciclos de la Naturaleza y de la Tierra.. Renegamos del placer de sentirnos corporizadas cuando observamos los cambios de volumen que nos suceden en los ciclos hormonales y de como somos manifestación de la creatividad de la vida.
Esto, forzosamente, nos hace experimentar la sexualidad de otra manera. Se convierte en relaciones de descarga en vez de celebraciones del aspecto sacro y creativo que tiene toda vida.
Hay muchas cosas aún por escribir en la descripción de ser mujer...no se han oído todavía muchas voces...

Ana Cortiñas

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